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Los conspiranoicos mutaron con la pandemia y ahora desinforman sobre Ucrania

EFE
Vozpopuli 22/3/2022

Para distendernos un poco ante las tensiones causadas por las discusiones ante el referéndum del domingo 27/3 en Uruguay, las noticias de la guerra en Europa y los casos diarios de repentinitis que se pueden ver en las redes sociales, vamos a compartir un artículo de humor. Bueno, de humor involuntario porque seguramente el autor y el medio que publica esta nota, deben atribuirle seriedad. Pero si nosotros en la disidencia nos pensábamos, que visto que el 90% o más de nuestras advertencias y análisis críticos respecto a la Plandemia se han mostrado correctos, ya no empleaban más términos como conspiranoicos o negacionistas, en este ejemplo vemos que aún siguen en uso. El artículo es una mezcla de mala fe, con algunas pocas consideraciones que podrían ser de recibo, y en una inversión argumental señala a los conspiranoicos como autores de lo que en realidad hace el discurso plandémico: “los hechos son secundarios pero no totalmente indiferentes, de modo que "se va produciendo una adaptación a ellos", aunque solo sea para "incorporarlos a la teoría dándoles una explicación conspirativa”. ¿Se están refiriendo a noticias tales como que el cambio climático está haciendo aumentar las dolencias cardíacas (miocarditis, pericarditis, infartos)? Pero no nos extendemos más, los dejamos con la lectura de esta pieza de antología, que aunque parezca bastante ridícula, también muestra que el germen de la represión y la prepotencia con argumentos falsos sigue estando ahí.

Los dos años de pandemia extendieron entre la población creencias en teorías de la conspiración que mutaron para adaptarse a los acontecimientos y que, alimentadas por la desconfianza en las instituciones públicas, contribuyen ahora a propagar desinformación sobre la guerra en Ucrania.

Así lo advierten expertos consultados por EFE que analizan cómo en torno a la pandemia de covid-19 se ha generado una espiral de conspiración y negacionismo que, en lugar de menguar al conocerse más datos sobre el coronavirus, ha ido reforzando y mutando sus mensajes para mantener su influencia en gran número de personas.

Como explica Ana Romero-Vicente, investigadora de la organización EU Disinfolab, en estos dos años la evolución ha consistido en “cambiar las narrativas según la mejor conveniencia”, de modo que, cuando el rechazo a la existencia del virus «ya no funcionaba», los negacionistas empleaban otros argumentos, en lugar de admitir que estaban equivocados.

Alejandro Romero, doctor en sociología y profesor de la Universidad de Granada, indica asimismo que, para las teorías conspirativas, «los hechos son secundarios pero no totalmente indiferentes», de modo que «se va produciendo una adaptación a ellos», aunque solo sea para «incorporarlos a la teoría dándoles una explicación conspirativa”.

Por ejemplo, si la noticia de actualidad era la vacunación de los niños, enseguida surgían falsas informaciones sobre muertes o daños cardiacos irreversibles provocados en los menores por las vacunas.

A ello se suma el hecho de que los antiguos argumentos de la conspiración y desinformación retroalimentan a los nuevos, si bien, mientras los primeros bulos «podían funcionar muy bien» para algunos, «especialmente en los momentos iniciales de máxima incertidumbre», los nuevos «sirven sobre todo para reafirmar a los ya convencidos”, apunta Romero.

Dos años de pandemia dan alas a los conspiranoicos

Lo que antes de la pandemia parecían meras corrientes minoritarias que negaban el discurso científico (es el caso del movimiento antivacunas), en estos dos años han visto crecer sus bases con las teorías sobre el coronavirus, los fármacos creados contra la covid y un supuesto orden mundial controlado por una supraélite.

“La pandemia ha puesto más en boga las teorías de la conspiración; hay mucha gente que antes no tenía una posición y que ahora la han tomado frente al discurso consensuado de la ciencia”, advierte Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga (sur de España).

Diéguez señala como una de las causas la necesidad de mucha gente de tener “una visión mágica del mundo”, que entra en confrontación directa con “el mundo desencantado” que dibuja la ciencia, donde “todo se puede explicar racionalmente”.

“Prefieren vivir con una concepción del mundo más abierta a otro tipo de visión que no sea racionalista, por lo que ven en la ciencia un enemigo”, argumenta.

Más desconfianza en las instituciones, más desinformación

Pese al gran número de evidencias científicas e información de dominio público que explican por qué estas teorías no tienen fundamento, existe un porcentaje significativo de gente que sigue estos postulados.

Y precisamente la ciencia puede explicar por qué: «El cerebro no está hecho para buscar la verdad», sino «para optimizar energía química», de modo que uno escoge «aquella información que confirme sus creencias previas, lo que se conoce como sesgo de información”, subraya Carlos Elías, catedrático en Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid.

Elías, director de la Cátedra Jean Monnet “UE, Desinformación y ‘Fake News’”, considera que el deterioro de la confianza en las instituciones públicas y la escasa formación en ciencia son otros factores que explican la proliferación y consolidación de teorías conspiranoicas en los dos últimos años.

El peligro de no creerse nada en el contexto de la guerra

La vorágine de conspiraciones y mensajes falsos sobre el coronavirus ha propiciado además las condiciones perfectas para que se expanda la desinformación sobre otros asuntos.

Así, en el contexto de la invasión rusa de Ucrania, se han creado “las condiciones favorables para que no nos creamos nada, que es quizá lo más peligroso”, porque implica no saber diferenciar entre “una democracia mejorable y una dictadura”, recalca Romero.

Y «ese es el fondo de la mayoría de teorías conspirativas: la democracia es una farsa que oculta la dictadura de los verdaderos amos del mundo”, precisa este experto.

La desinformación surgida en pandemia ha empujado a las instituciones públicas a trabajar en herramientas para frenar su expansión y la UE, por ejemplo, buscará sancionar a los responsables de desinformar.

De no ser eficaces hay riesgo de un retroceso social. Según alerta Elías, si “cada uno cree lo que le da la gana”, nadie creerá «la información verdadera” y al final, las instituciones “pierden prestigio y poder”.

1 comentario en «Los conspiranoicos mutaron con la pandemia y ahora desinforman sobre Ucrania»

  1. No se entiende la gran preocupación que muestra este artículo, si de todas maneras es una minoría (¿?) la que no sigue la «información» oficial o mayoritaria.
    Eso, por un lado. Por otro lado lo que pretenden es que CIENCIA sea solamente lo que va con la propaganda oficial, mientras que los innúmeros científicos que están mostrando la falsedad oficial son, de un plumazo, despojados de su profesión y carácter científico.

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