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Covexit: es tiempo de ponerle fin al estado de “emergencia”

Agustina Sucri
La Prensa 7/3/2022

Parafraseando a los procesos centrífugos en la Unión Europea, materializados con el Brexit, la periodista argentina Agustina Sucri constata que destacados especialistas estadounidenses fundamentan que ya es hora de terminar de inmediato con la “emergencia sanitaria” por Covid-19 y efectuar el Covexit, dejando de lado todas las medidas que ya venían siendo cuestionadas por numerosos científicos honestos desde 2020 (ver declaración de Great Barrington del 4 de octubre de dicho año en el enlace al final). Pero a la vez constata con sorpresa (o tal vez no tanto conociendo la pésima gestión pandémica del gobierno argentino) que: “En Argentina, en tanto, vamos en dirección opuesta con un decreto que extiende hasta fines de este año la contingencia.” Mejor no preguntarnos, si en Uruguay se hubiesen seguido las indicaciones del tardíamente disuelto GACH y este continuara en funciones, que podría proponer ahora con la “emergencia sanitaria” uruguaya…

Hay que finalizar la emergencia, ahora. Con ese título los profesores Harvey Risch y Jay Bhattacharya, junto al Dr. Paul Alexander, instan a ponerle fin a la situación de excepcionalidad que se ha impuesto en los últimos dos años con la excusa de proteger a las poblaciones del covid-19. En el texto, publicado por el Brownstone Institute, estos especialistas detallan los motivos por los que no se justifican los controles, los confinamientos, las restricciones, los plexiglás, las pegatinas, las exhortaciones, las manifestaciones de pánico, los anuncios de distanciamiento, los anuncios publicitarios omnipresentes, el uso forzoso de barbijos, ni los mandatos de vacunación. No se justifican ahora y tal vez no se justificaron nunca, según se desprende de sus argumentos.

Risch es profesor de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de Yale y Escuela de Medicina de Yale. Bhattacharya es profesor de medicina en la Universidad de Stanford e investigador en la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos. Y Alexander es epidemiólogo, ex consultor de la OMS y asesor principal del Departamento de Salud de los Estados Unidos en 2020 para la respuesta a covid-19.

Los tres hacen hincapié en que si bien el virus no ha desaparecido y puede que circule para siempre, con un enfoque normal en la protección de los vulnerables, es posible tratarlo como un asunto médico en lugar de social y gestionarlo de forma ordinaria.

«Una emergencia declarada necesita una justificación continua, y eso ahora no existe”, insisten. Mientras la cepa variante delta -la versión agresiva más reciente de la infección- ha ido disminuyendo y declinará hasta el punto de desaparecer esencialmente como las cepas anteriores, ómicron es lo suficientemente leve como para que la mayoría de las personas, incluso muchas de alto riesgo, puedan soportar adecuadamente la infección, explican.

«La infección por ómicron no es más grave que la gripe estacional, y generalmente lo es menos”, subrayan los expertos, quienes enfatizan que hemos aprendido mucho sobre la utilidad de los suplementos baratos como la vitamina D para reducir el riesgo de enfermedad, al tiempo que hay una gran cantidad de buenas terapias disponibles para prevenir la hospitalización y la muerte en caso de que un paciente vulnerable se infecte.

«Para las personas más jóvenes, el riesgo de enfermedad grave -que ya era bajo antes de ómicron- es minúsculo”, agregan.

Risch, Bhattacharya y Alexander también apuntan a lo que se hizo evidente, a pesar de que se han empecinado en hacernos creer lo contrario: incluso en lugares con estrictas medidas de confinamiento, hay cientos de miles de nuevos casos de ómicron registrados a diario e innumerables positivos no registrados procedentes de pruebas caseras.

«Las medidas como el uso de barbijo y el distanciamiento obligatorios han tenido efectos insignificantes o, a lo sumo pequeños, en la transmisión. Las cuarentenas poblacionales a gran escala sólo retrasan lo inevitable”, lamentan.

Además, ponen de manifiesto que la vacunación y las dosis de refuerzo no han detenido la propagación de la enfermedad por ómicron. “Naciones fuertemente vacunadas como Israel y Australia tienen más casos diarios per cápita que cualquier otro lugar del planeta en este momento”, afirman y luego agregan: “Esta ola seguirá su curso a pesar de todas las medidas de emergencia”.

INMUNIDAD NATURAL

Por otra parte, estos expertos se refieren al rol crucial de la -curiosamente negada- inmunidad de rebaño. “Aunque la variante ómicron puede reinfectar a los pacientes recuperados de la infección por cepas anteriores, dicha reinfección tiende a producir una enfermedad leve. Es poco probable que las futuras variantes, evolucionadas o no a partir de ómicron, evadan la inmunidad proporcionada por la infección de ómicron durante mucho tiempo”, detallan.

«Con la propagación universal de ómicron en todo el mundo, es probable que las nuevas cepas tengan más dificultades para encontrar un entorno propicio debido a la protección proporcionada a la población por la inmunidad natural por ómicron, ampliamente extendida”, prosiguen.

Al igual que se ha alertado ya en la Declaración de Great Barrington, de la cual Bhattacharya es coautor, en este nuevo texto los tres firmantes insisten en que los confinamientos, los despidos, la escasez de personal y las interrupciones en las escuelas han hecho al menos tanto daño a la salud y el bienestar de la población como el virus.

Argentina está en otra sintonía, ya que prorrogó hasta el 31 de diciembre de 2022 el decreto que establece la “emergencia sanitaria”. Pero estos tres profesionales estadounidenses remarcan que dado que ómicron, con su infección leve, está llevando su curso hacia el final, no hay justificación para mantener el estado de emergencia. “El estado de emergencia no está justificado ahora, y no puede justificarse por el temor a una hipotética reaparición de alguna infección más grave en algún momento desconocido del futuro”, enfatizan.

Para finalizar, hacen una reflexión que también es válida para la realidad que hemos vivido los argentinos: “los estadounidenses ya han sacrificado bastante sus derechos humanos y sus medios de vida durante dos años al servicio de la protección de la salud pública en general. Ómicron está circulando, pero no es una emergencia. La emergencia ha terminado. La actual declaración de emergencia debe ser cancelada. Ya es hora”.

En la práctica, todo parece indicar que el “Covexit” ya es una realidad, si bien no declarada. El actual conflicto entre Rusia y Ucrania ocupa ahora todas las primeras planas de los diarios y concita la alarma mundial que antes suscitaba esta enfermedad, un discurso que era omnipresente. En silencio, se han ido desmantelando ya en algunos países las inefectivas medidas de distanciamiento, uso de barbijo y pedido de pases sanitarios. El tiempo dirá si se trata del fin de una pandemia o solo un impasse hasta la próxima alarma.

2 comentarios en «Covexit: es tiempo de ponerle fin al estado de “emergencia”»

  1. Comentario de Raul Mosquera en canal No+Mentiras de Telegram :

    «No van a sacar la emergencia y dijo el.presidente por qué, por el fondo Covid y los gastos asignados en el.presupuesto de 400 millones de dólares para seguros de paro, gastos sociales, etc.

    Realmente, pienso, en un país que la mayoría escucha sin siquiera pensar lo que les dicen, que esto es una parte del motivo, tal vez la menor parte.

    Lo del seguro de paro es la primera mentira, ya que nos dicen ellos mismos que el desempleo esta al mismo nivel que antes de la plandemia, entonces por que fondo.especial para eso, si lo paga cono pago toda la vida el BPS, incluso con mas desocupación.

    Segundo tema, gasto social, que existe desde hace años y solo aumento por la desocupación en la plandemia.
    Entonces, volvemos a lo mismo, con el nivel de empleo que hay por que se necesita fondo extra de gasto social, segunda contradicción.

    Esto me dice que el motivo es otro para mantener el fondo Coronavirus, entre otros pagar las 3 millones 700 mil vacunas que compraron sin necesidad, ya que se están venciendo las que hay y hay pocos brazos que vayan a pincharse, y sumemos el curro de los PCR que hay que pagar a las mutualistas y laboratorios particulares, que dejaron una fortuna de ganancia, y muchos de los profesionales que promocionaban esta mentira de la plandemia iban prendidos o eran parte de los mismos, como algún director de ASSE que es dueño de una mutualistas o algún ministro que también es parte de la misma.

    Y como nadie sabe cuanto se paga cada vacunita, y pagan con el fondo Coronavirus, es muy fácil hacer figurar un precio con mordida incluida, y nadie de los políticos va a decir nada, oficialistas y oposición, que son lo mismo, porque da para todos.

    Y el periodismo de este país, lamentable desde todo punto se vista y lamebotas, ni siquiera cuestiona, solo escucha y asiente con la cabeza.

    Y mientras tanto tienen a las ovejas distraidas con la Luc, si rosado o celeste, y hacen caravanas y salen con banderas, en lugar de salir a reclamar que les mintieron en la cara y el que se los dice es Pfizer, con el informe que le obligó a publicar la justicia de Estados Unidos, que querían esconder por 75 años, que dice todos los efectos adversos de los líquidos experimentales que negaron todos los médicos corruptos, políticos y los medios.

  2. Todo apunta a que esto es un proceso que se repetirá cíclicamente bajo diferentes formas, disminuyendo progresivamente los períodos en que se permita aflojar el stress, habiendo adquirido cierta adaptación.
    El Dr. Hans Selye acuñó en 1935 el concepto de STRESS en Medicina, dentro del Sindrome General de Adaptación. No hay vida sin un cierto grado de stress, que permite la adaptación del ser viviente a las condiciones variantes del entorno, pero llega un momento en que el stress sostenido acaba dañando los organismos. Las tres etapas que define en el proceso son:
    • Alarma de reacción: cuando el cuerpo detecta el estresor.
    • Fase de adaptación: el cuerpo reacciona ante el estresor.
    • Fase de agotamiento: por su duración o intensidad empiezan a
    agotarse las defensas del cuerpo.

    Cabe esperar, entonces, que no nos dejen el tiempo necesario para «adaptarnos» a las nuevas condiciones, como lo están haciendo ya: a la «pandemia» ha seguido «la guerra en Ucrania».

    * Consultar sobre Hans Seyle: https://www.cerasa.es/media/areces/files/book-attachment-1677.pdf

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