COLUMNA
Bélgica

Arrepentidos, caras duras y avergonzados ante la nueva normalidad.

Leonel Elola Verocay
Licenciado en Psicología
NO+MENTIRAS 13/11/2021

Aunque considero de una relevancia muy relativa la columna escrita por el periodista Gabriel Pereyra el jueves pasado en "Búsqueda", haré algunas consideraciones sobre esta, al hablar de arrepentidos, caraduras y avergonzados. La Nueva Normalidad avanza, aunque en algunos aspectos es demasiado parecida a la vieja y de última podemos seguir realizando aprendizajes de la historia de la humanidad. Esta Columna es una opinión personal de quien suscribe y por suerte en No+Mentiras podemos tener distintos matices y puntos de vista, sin perder de vista el norte de nuestra causa de resistencia a los atropellos sanitarios y al avance totalitario en general, que también parecen ser muy preocupantes rasgos Nuevonormales

Un futbolista de renombre internacional sufre un trastorno cardíaco en pleno partido oficial. Debe ser sustituído de inmediato y luego sometido a rigurosos exámenes médicos. El futuro de su carrera profesional deportiva queda entre paréntesis.

Un ministro de gobierno difunde cifras, porcentajes y gráficas, escogidas sesgada y convenientemente para sus intereses, o tal vez incluso, amañadas. Es parte de un potente impulso para justificar y profundizar si pueden, una campaña inoculatoria experimental que está causando visibles e importantes daños por efectos adversos en la salud de la población.

Un periodista escribe una columna de opinión en un semanario prestigioso, pero de escasa difusión masiva y popular. Se declara avergonzado y genera debate y polémicas en el campo disidente, que es donde mayormente circula el texto. En el resto de la sociedad, ampliamente mayoritario respecto a los cenáculos virtuales de discusión de opositores a la Plandemia, la pelota que se le da por el momento a esa publicación, es practicamente nula.

Los arrepentidos

No es el único caso, hay unos cuantos al día de hoy, pero el del Kun Agüero ha tenido enorme repercusión mediática. Fue motivo de buena parte de mi última columna y ahora, solo una semana después, se comprueba que los pronósticos más pesimistas, como los de nuestra compañera de N+M Giani, conocedora del ambiente deportivo, se cumplen. Es muy probable que el Kun tenga que colgar los botines.

Aunque él tenía ciertas sospechas y dudas sobre lo que está sucediendo en la nueva normalidad, con Covid-19 y “vacunas”, no le alcanzó para evitar su propia inoculación y que lo usaran como propagandista de las inyecciones experimentales para jóvenes.

Por lo que he visto y oído es un muchacho normal y con un sentido común propio de su origen popular. Carezco de manera directa de comprobarlo, pero supongo que debe estar arrepentido de haberse inoculado. Con el paso del tiempo tal vez pueda verbalizar sus reflexiones.

Algo diferente es la situación del célebre guitarrista inglés Eric Clapton, quien no deja dudas de su arrepentimiento por haber accedido a recibir 2 jabs (pinchazos). Ha sido muy explícito en sus declaraciones que no aceptará una tercera inyección de AstraZeneca, ni de ninguna otra inoculación contra Covid-19.

La parálisis de sus preciadas manos, fundamentales para desarrollar sus eximias dotes artísticas, como efectos adversos de las sustancias experimentales, lo convencieron plenamente de su peligrosidad.

Afortunadamente no perdió la vida y pudo recuperarse de malestares y parálisis; ya ha compuesto y ejecutado una canción pidiendo parar esto («This Has Gotta Stop») y no ha vacilado en compartir públicamente su experiencia negativa e incluso ha donado algunas libras esterlinas al movimiento de resistencia a la Plandemia en el Reino Unido.

Tanto Eric, que se expresó abiertamente, como Sergio, que es posible que también lo pueda hacer más adelante, son bienvenidos a las filas de la resistencia. Al arrepentirse de haberse sometido como sujetos de experimentación, confiando en autoridades y sin el suficiente conocimiento e información de los riesgos, tienen las puertas abiertas si lo desean,

Si comienzan a ser activos en el apoyo, en la medida de sus posibilidades y capacidades, como ya lo ha sido Eric Clapton, más creíble y productivo (para ellos mismos y sus semejantes) va a ser su arrepentimiento.

Las caras duras

No voy a revelar ninguna novedad escribiendo que para ocupar algunos cargos políticos profesionales es un requisito casi indispensable tener un rostro de piedra. Para ser edil o incluso novel diputad@ la cuestión no será tan estricta, pero los que continúan largo tiempo en el metier, incluso toda su vida hasta jubilarse, van a ir endureciendose. Casi que parece ser indispensable para su propia longevidad política.

Un ministro vergonzoso o con demasiados pruritos para mentir a cara de perro si la situación lo requiere, no podría actuar durante mucho tiempo en un cargo de esa naturaleza y exposición pública, en la realidad sistémica actual.

Mi padre fue votante de don Enrique Erro, tanto cuando este fue blanco, como luego en el Frente Amplio. El me contó cuando yo era adolescente que Erro fue Ministro de Industria y Trabajo, luego que el Partido Nacional asumió gobierno en 1959. Era un hombre sencillo, austero e incorruptible, nada tenía de desvergonzado. Duró poco, ya que su posición contraria a la reforma cambiaria y monetaria de la mayoría y desavenencias con un poderoso sector agroindustrial llevaron a su destitución por el Consejo de Gobierno.

La nueva normalidad no aparenta hacer mucha mella entre los caraduras que suelen ser tan acomodaticios como conformistas.

Naturalmente en esta categoría están los principales fogoneros de la Plandemia y no se limita al ámbito político-partidario. También abundan en el ámbito periodístico y lo que podría no parecer tan obvio a primera vista, también en el terreno científico – académico.

En un país con una población relativamente pequeña como Uruguay y donde si bien no nos conocemos todos, siempre podemos encontrar algún grado de proximidad por los vínculos sociales, culturales y familiares, con bastante facilidad podríamos poner rostros conocidos en los casilleros de muchas páginas del extenso álbum de caraduras.

Sin embargo, tampoco ellos son invulnerables al karma. Saldremos del Uruguay para no ser injustos si ejemplificamos teniendo tantos candidatos.

En estos últimos días se ha conocido que la “desaparición” pública durante las semanas posteriores a la inyección de una segunda dosis de inoculación génica de marca Moderna, del gobernador de California, EE.UU, Gavin Newsom, se debía a que tuvo como efecto secundario una parálisis de Bell. Esta es una dolencia que incluso está inventariada en los ensayos clínicos de las multinacionales farmacéuticas. Es un debilitamiento muscular facial transitorio, que puede abarcar un sector específico del rostro o incluso afectar paralizando una mitad de la cara. Lo cual en dicho caso habría sido un correlato físico, con carácter simbólico adicional, a su condición de político caradura provacunación.

Esta gente está en el campo de enfrente a nuestra resistencia y tenemos la necesidad de confrontarlos para oponernos a sus políticas sanitarias – dictatoriales.

Ahora se aprestan a utilizar todo su poder para aprobar las inoculaciones de niños entre 5 y 11 años. No importan para los caraduras razones científicas y de sentido común contrarias a sus designios; igualmente se apoyarán en informaciones y datos, que aunque sean dudosas o directamente incorrectas, apoyan su narrativa con esa finalidad.

Sin alentar falsas expectativas, vamos a seguir resistiendo para intentar frenar tamaña barbaridad. Tenemos la obligación de continuar dando batalla y sea cual sea el resultado continuaremos informando, denunciando y protegiendo a los nuestros y a todos los que se acerquen. No será la última contienda, reorganizaremos fuerzas cuando sea necesario para las próximas, porque esto sigue.

Los avergonzados: ¿Lo habrá hecho Julius durante el juicio?

El subtítulo puede resultar enigmático, pero en unos pocos párrafos lo aclaro. Se refiere a Julius Streicher, que fue uno de los altos oficiales nazis juzgados en Nüremberg en 1946. Si bien todos los que debieron afrontar la justicia internacional de guerra en ese histórico e importante evento, eran altos grados militares o estaban directamente implicados en la maquinaría militar, Streicher, que era muy allegado a Hitler desde los inicios, fue predominantemente un propagandista ideológico (“demagogo y político” lo denomina la enciclopedia británica).

Fue editor de un períodico denominado “Der Strümer” un importante órgano de prensa y comunicación semanal nazista, fundado en 1923 y que estuvo activo hasta el fin de la 2da Guerra Mundial en 1945. Es decir que Julius Streicher fue editor periodístico durante más de 20 años, del principal medio masivo de propagación ideológica hacia la población alemana. Fue considerado en el Juicio, como uno de los principales instigadores ideológicos y artífices de la persecución y segregación de la comunidad judia, que posibilitó tanto las ignominiosas “Leyes raciales” de Nüremberg en 1935 , como el posterior genocidio en los campos de concentración.

Aunque él fue también combatiente en el ejército alemán en la 1era Guerra Mundial, luego fue un miembro del partido Nacional Socialista de la primera hora y desde que fundó el medio ya citado fue un periodista y editor del mismo.
«Julius Streicher biography»

Para ir entrando en el tema de “avergonzamientos” periodísticos, no creo que Streicher, que además como muchos oficiales nazis era un depravado moral, se haya avergonzado durante el juicio. Tampoco creo que los demás criminales de guerra juzgados lo hayan hecho, puesto que todos ellos estaban totalmente impregnados y fanatizados por la ideología, que los condujo a los crímenes contra la humanidad que cometieron.

Me queda la duda si Julius, que aunque vil y abyecto criminal masivo, no dejó de ser humano, se haya arrepentido en sus últimos días de calabozo, esperando el cumplimiento de la sentencia o al pie del cadalso, donde fue ahorcado en cumplimiento de la condena a muerte a la que el Tribunal internacional lo sentenció. Solo Dios lo sabe.

Esta evocación literaria de hechos de la historia podría tener una relación tangencial con el presente o no, pero es parte de mi reflexión para diferenciar sentimientos y disposiciones afectivas que son claramente diferentes: la vergüenza y el arrepentimiento. Acá en Europa, la presencia subjetiva de ambas Guerras Mundiales del siglo XX es mucho más marcante y cercana que en América del Sur. Tan es así que el pasado jueves 11 de noviembre, cuando pasé un buen tiempo leyendo, oyendo e intercambiando mensajes con compañeros uruguayos, estabamos transcurriendo por un feriado en Bélgica: el “Día del Armisticio”, fecha en la cual se conmemora el fin de la 1era Guerra Mundial.

Una buena parte de esos mensajes intercambiados, tuvieron que ver con una columna titulada “Confesión de un periodista avergonzado” escrita por el periodista Gabriel Pereyra y publicada en la edición del Semanario “Búsqueda” de esa fecha.(Está el link al final)

Enfatizo lo que ya anticipé en el copete introductorio de este texto, tanto el contenido de dicho artículo como su autor, me parecen ocupan papeles muy menores del drama uruguayo en la Plandemia. Hubiese preferido dedicarle toda esta parte de mi escritura al descubrimiento de la murga “A Toda Costa” cuya presentación en la prueba admisión al concurso de Carnaval 2022, fue muy plena de contenido crítico y significativo para este difícil presente. Pese que como era casi previsible, no pasó a la rueda final de la competencia, su nueva presencia artística es alentadora.

Pero tal vez haya algo más allá de la aparición de esa nota periodística y hago el esfuerzo de releer y comentar algo. Sí debo decir, que lo primero que me evoca Pereira, no es un antecedente agradable. Recuerdo su artero y soez insulto en Twitter al Dr. Enrique Viana, siendo este abogado defensor de “los Titanes” (Vega, Sciuto y Ferreira) frente a una acusación de desacato agravado por el acto de la “2da Caravana por la Verdad” en la Plaza de Maldonado, el 23 de abril de 2021.

Cuando leí esos irreflexivos (sería su único atenuante) improperios, por cierto que recordé la ansiedad y preocupación que viví yo mismo, al seguir, aunque más no fuera por internet, los acontecimientos en directo y haciendo fuerza para que no se desatara una violenta represión sobre todos los demás participantes del acto en la Plaza.

Pensé que personas como Pereira, que además por su profesión de periodista es un formador de opinión, no se habrían inmutado si cuando en el momento de la detención y posteriores tensiones, se hubiese desatado represión física sobre los “terraplanistas”, como él escribió en el recordado tuit. Al tener los participantes del acto a decenas de efectivos de los grupos de choque policiales, fuertemente equipados frente a ellos, cualquier chispa podría haber desencadenado ese extremo, que por suerte no sucedió.

Es más, visto la ausencia del menor respeto por su abogado defensor, los acusados y todos sus seguidores en el acto, si cagaban a palos a mujeres y hombres terraplanistas según él, no sería de extrañar que el periodista pudiera sostener que ellos se lo habían buscado por “delirantes” (otro calificativo que no se ahorró Pereyra).

Es verdad, yo no estoy bien dispuesto a considerar una autocrítica que deja mucho que agregar, ya que se centra en cuestiones que hacen a su labor profesional, aunque son evidentemente importantes como reconocimiento a una modalidad muy practicada en el medio uruguayo, particularmente durante la Plandemia, que es una manera de “censura por omisión”.

Hay compañeros que tienen otros matices y ven importante este reconocimiento de un periodista del status quo y alientan esperanzas de contagio hacia otros de sus colegas. También ven en el escrito que hace Pereyra, varios puntos que podrían resultar útiles para la información y llegada a un público diferente. Les otorgo el beneficio de la duda. Además ahora reconozco en una segunda lectura más reposada, que hay varias referencias e interrogantes que él plantea (y se plantea) que son pertinentes y ha comenzado a mejorar sus enfoques mencionando por ejemplo, el gravísimo tema de los efectos adversos. Si reconoce que en el VAERS de EE.UU se registra entre el 1 y el 10 %, verá que en Uruguay seguramente esos porcentajes son aún menores.

Sin embargo, ya que se decidió a hacer ese ejercicio autocrítico, suponemos que lo hizo luego de haber reflexionado lo suficiente y cuidando mucho su redacción, como experimentado periodista y escritor que es, a mi me sonó la alarma en el último párrafo.

Sin tener ningún acceso privilegiado a la verdad digo mi opinión: veo que ahí mostró la hilacha. Escribe “Repito: me vacuné y seguramente vacunaré a mis hijos”.

¿Por qué y a quienes quiere “repetir” y demostrar su aparente confianza en las inoculaciones génicas experimentales?
¿Qué necesidad de invocar a sus hijos en su creencia y aventura vacunatoria?

No cuestiono su derecho para decidir como adulto tomar las inyecciones y si tiene patria potestad sobre sus hijos menores de edad, legalmente puede también hacerlo por ellos.

Pero perfectamente podría haber escrito en este texto, que como dije lo tiene que haber elaborado muy bien, que él como adulto responsable, no sólo se “vacunó” sino que está dispuesto a inocularse en el futuro todas las dosis que la OMS, el MSP o Radi y los Gach científicos lo consideren necesario. Como declaración de fe ya era suficiente.

Por lo tanto, y aunque leí por alguna red social que un abogado que escribe muy bien lo “defiende”, utilizando sus conocimientos dialécticos y restando importancia a esta parte de su declaración, yo pienso que es un contenido sustantivo.

Esta confesión explícita sigue ubicando a Gabriel Pereyra, al menos todavía, como un adversario ideológico de nuestro movimiento. Luego de sostener eso, por más autocríticas de ese estilo que haga, sigue estando mucho más cerca de Salinas y Moratorio, que de la disidencia. Por supuesto que esto no cierra el diálogo, al contrario. Por cierto que miraremos con interés sus próximos programas televisivos, donde se promete dar voz, al menos en principio, a algunos cuidadosamente escogidos exponentes de un discurso cuestionador del relato oficial.

En resúmen: Aunque hay queridos compañeros que tienen opiniones diferentes y más esperanzadoras, sobre el proceso de redención de G. Pereyra, por el momento yo pienso que su situación es oscilante entre las categorías de caraduras y avergonzados. Si en el futuro se arrepiente de algo y pretende como dice “enmendar pecados”, lo deberá demostrar con sus actos. No es necesario que escriba un nuevo tuit o un Mea culpa II.

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