COLUMNA
Uruguay

Kun, dos, tres…miles, millones.

Leonel Elola Verocay
Licenciado en Psicología.
NO+MENTIRAS 5/11/2021

Casi a diario tenemos noticias que deportistas inoculados contra Covid-19 sufren posibles efectos adversos por esa causa. Kun Agüero solo es uno más de esa larga lista que día a día se va acrecentando en todo el mundo, muchas de ellas con lamentables desenlaces súbitos fatales.

Primum non nocere athleta.

En principio solo quería saber el valor de mercado del futbolista Kun Agüero, que como casi todos sabemos tuvo una crisis cardíaca el fin de semana pasado, en pleno partido de la Liga española, jugando por su nuevo club, el afamado Barcelona.

Pero entrando al tema la información se fue ampliando y no solo de él, sino también de otro colega jugador profesional de fútbol, que sufrió en el verano europeo una dolencia del corazón aún más grave.

Ellos son únicamente dos casos notorios, de una larga lista de deportistas profesionales que sufren probables efectos adversos de las inoculaciones experimentales contra Covid-19.

Los últimos despachos de prensa de su club, afirman que estará alejado 3 meses de las canchas. Aunque con sus 33 años de edad, algunos hinchas temen que el del sábado 30 de octubre de 2021 haya sido su último partido en el deporte profesional.

Como no soy de interesarme por ricos y famosos de ninguna especie, poco conocía del “Kun”, más allá que estuvo casado con una hija de Maradona y jugaba en Inglaterra antes del traspaso al equipo azulgrana, efectivizado a mediados del presente año.

Buscando datos sobre él, me enteré que se llama Sergio Leonel y previo a su arribo al cuadro catalán jugó durante 10 años en el Manchester City de Inglaterra.

Durante toda esta última década no se supo que tuviera ningún problema cardíaco, que tampoco fué detectado en el riguroso y exigente examen médico al que fue sometido antes de firmar el contrato con su nuevo equipo. Si tuvo un problema físico en una de sus piernas, típico de su oficio. Una lesión recalcitrante de pantorrilla, que lo había mantenido con poca presencia en las canchas en su última temporada inglesa.

Hallé y entré al sitio web Transfermarkt, algo así como un mercado de commodities, en donde se expresan informaciones económicas, deportivas y comerciales de deportistas humanos. Estuve mirando que Agüero, cuya cotización ya venía en baja por su última lesión y discontinuidad en el Manchester City, aún “valía” 25 millones de euros el 18/3/2021. Pero su última cotización de mercado, ya en el Barça, el 13/10/2021 había descendido a 15 millones de la misma moneda.
«Transfermarket: Sergio Agüero»

¿Qué cotización podrá tener ahora, cuando en ese importante sitio de consulta internacional del mercado del fútbol internacional, aparece en su ficha personal una muy visible cruz roja, seguida de la advertencia “Problemas cardíacos. Retorno previsiblemente el 01/02/2022 ?

Hago votos porque Sergio Leonel, que me ha generado simpatía por nuestro nombre compartido, se recupere y pueda terminar su contrato, que va hasta el 30/06/2023, cobrando su salario de varios millones de euros al año. Aunque, como artículos de prensa lo informaban en su momento, el Kun tuvo que resignar una parte de sus ingresos de unos 15 millones de euros anuales, que percibía en la poderosa liga inglesa.

Esto último me lleva a pensar que si el destino lo priva de seguir jugando, al menos no debería sufrir apremios financieros por el resto de su vida.

Pero deportivamente hablando, más comprometida es la situación del danés Christian Eriksen, que el 12 de junio de pasado tuvo un paro cardíaco en el partido inaugural de su selección por la Eurocopa y salvó su vida en el límite, al ser reanimado oportunamente por el equipo médico presente.

Ahora continúa su recuperación con un desfibrilador automático implantable (DAI) en su cuerpo. En su caso, luego de la cruz roja de Transfermarkt se indica “fecha de retorno desconocida”. Su último valor de mercado, fichado por el Inter de Milán, fue de 40 millones de euros el 26/05/2021.

Si leemos qué es y cómo funciona un dispositivo desfibrilador DAI como el que tiene implantado Erikson, me temo que las esperanzas que vuelva a jugar en la alta competición futbolística son muy escasas. «A Eriksen le implantarán un desfibrilador automático»

¿Qué «vacunas» contra Covid-19 recibieron el Kun Agüero y Christian Erikson? ¿Por qué el club Barcelona bajó de su página web oficial las fotos de sus jugadores recibiendo inoculaciones de las sustancias experimentales, para cuya “vacunación” en jóvenes Kun hizo una publicidad, en un catalán pobremente hablado?

¿Acaso las multinacionales farmacéuticas resarcirán de las millonarias pérdidas de valor de mercado de los jugadores, dañados por sus productos experimentales, a sus clubes propietarios?

En estos casos, parecería que las inyecciones, más que inmunizar a estos deportistas profesionales contra la enfermedad, los ha colocado ante el posible fin precipitado de sus carreras.

Ya hay en el mundo miles de deportistas, entre amateurs y profesionales, que han sufrido efectos adversos graves, incluyendo muertes.

Es verdad que ambos jugadores de fútbol citados no estarían entre los casos más dramáticos, aunque el danés de no haber sido reanimado a tiempo no habría contado el cuento.

Ellos ahora siguen viviendo, lo cual tristemente no es el caso de muchos otros. Pienso en este momento en el ex-futbolista uruguayo Robert Lima, quien falleció el 17 de junio de 2021 de un paro cardíaco en pleno partido de fútbol 5. (ver enlace al final)

El “Bola” como se lo conocía popularmente, ya no ejercía como deportista profesional, aunque seguía vinculado al ambiente del ejercicio físico en otros roles. Su estado atlético era bueno para su edad y si bien tenía algún antecedente cardíaco, su magnitud previa no permitía prever que jugar un partido recreativo significara un riesgo de vida. Hasta que se inoculó contra Covid-19.

Comenzar esta columna considerando las pérdidas económicas que los efectos adversos de las inoculaciones experimentales pueden causar, fue una manera gradual de ingresar a un campo de situaciones angustiantes, pues perder la vida es lo más grave que a una persona le puede suceder, más allá de problemas monetarios.

Basta mirar noticias de variados países en las redes sociales de internet, para encontrar que casi todos los días hay algún deportista, de las más diferentes disciplinas, profesionales o no, que sufren graves y súbitos quebrantos de salud o fallecen en la práctica de deportes. Tienen en común haber sido inoculados con una, dos o tres dosis.

Ya me he enterado de varios casos de personas “vacunadas” que caen muertas en sus ejercicios de jogging o running, es decir “correr”. Me sensibiliza particularmente porque es una actividad física que aún practico, como cientos de miles de gente en casi todas las latitudes.

No es normal que haya esta enorme cantidad de problemas cardíacos en atletas sanos en unos pocos meses. Cuando constatamos que la enorme mayoría de quienes sufren daños graves de salud, fueron inoculados contra Covid-19, la correlación no parece casual.

En el Canal de Telegram de N+M, un lector agregó como comentario un listado con 75 deportistas, con las fechas de sus crisis de salud, por efectos adversos presumidos de las inoculaciones experimentales, muchas de ellas culminadas con el deceso de la persona. También es muy evidente la juventud de varios, con 18 años de edad o menos. Ver comentarios en: https://t.me/NOmasMENTIRASUY/5681

Como esa lista es hasta fin de octubre agrego otra luctuosa situación de comienzo de noviembre y así podríamos continuar día tras día:
https://twitter.com/qhusilu/status/1455648361596469258

Por suerte algunos profesionales deportivos pudieron conseguir y analizar informaciones de fuentes confiables y buena fe, concluyendo en su negativa a recibir las inoculaciones experimentales, como el exitoso tenista serbio Novak Djokovic o la novel ciclista uruguaya Paola Silva. Esta lúcida joven comprendió que es mucho más razonable perderse una competición internacional, que arriesgarse a un daño de su salud, que le impida continuar su carrera deportiva o algo aún más grave.

Si las cosas se ponen difíciles…

Esa noción de cosas que se ponen difíciles fue la que más interrogantes me generó en un comentado artículo reciente de un importante diario uruguayo. «El País, si la cosa se pone difícil…»

El porcentaje de apoyo a un “gobierno militar” es de relevancia relativa, aunque no creo que en ninguna constitución democrática del mundo este prevista una sustitución de gobierno civil por aumento de dificultades. O sea que se está hablando de un Coup d’Etat por decirlo con elegancia francesa.

Dado que veníamos considerando la nueva normalidad para los deportistas, y si bien no se si será ya un pensamiento generalizado en esa comunidad mundial de intereses, tiendo a creer que sobre todo para los atletas inoculados, las cosas se les han puesto difíciles ante riesgos muy ciertos de sufrir graves problemas de salud que pueden interrumpir sus carreras, dejarlos con secuelas de por vida o súbitamente perderla.

¿Y a todos los italianos que ya no pueden trabajar por no tener un pase sanitario al negarse a arriesgar su vida inoculandose con una sustancia experimental, las cosas no se le han puesto suficientemente difíciles?

¿Y los australianos y emigrantes (unos cuantos de ellos uruguayos) que viven en ese país insular (no-vacunados y en general)? Que no solo están sufriendo, sobremanera en Melbourne, el lockdown (cierre, cuarentena) más largo del mundo, sino que corren riesgos de ser violentados físicamente por aparatos represivos propensos a los excesos, como en cualquier dictadura. ¿Qué opinan sobre la dificultad de las cosas en ese infierno que han convertido su vida cotidiana?

Pero tampoco es necesario irse a las antípodas del planeta para plantearse estas preguntas. ¿Cuántos de los ciudadanos uruguayos que tienen que depender de ollas populares para no pasar hambre, estarán sintiendo que las cosas están difíciles en Uruguay, más allá de si han inoculado o no?

Creo que aunque sea por diferentes vías, sean los años vividos, con sus aprendizajes o sean saberes adquiridos de diferentes índoles conjugados con experiencias personales, los adultos nos vamos dando cuenta que siempre, aún cuando parezca que está todo bien, no estamos a más de tres o cuatro pasos para que las cosas se pongan difíciles.

Cuanto más para las sociedades humanas, en las cuales cada paso puede ser con botas de 7 leguas como en aquel cuento de literatura infantil.

En los países occidentales, cuyas realidades son las que mejor conozco, no estamos muy lejos para que las grandes mayorías sufran objetiva o subjetivamente la dificultad de las cosas. La Plandemia y probablemente otros eventos relacionados, empujan en ese sentido.

Podría ser que las masas anhelen el advenimiento de gobiernos que prometan con mayor convicción y firmeza sacarnos del torbellino de dificultades, miseria y depresión mortal. No sería algo tan nuevo; en la década de 1930, no hace todavía un siglo hay un precedente que ya sabemos a lo que condujo.

Estamos solo a dos pasos de repetir y para peor aquella tragedia histórica.

Pero si en Uruguay también hay un 72 % que no aprueba una solución dictatorial y extrapolamos ese porcentaje a todo el mundo, habemos nada menos que 5.616 millones de personas humanas opuestas al totalitarismo (ya sea blando o duro). Cada día que pasa se van sumando millones de ciudadanos despiertos a lo largo y ancho de la tierra, que se van dando cuenta que esto no se va a solucionar arrojando flores a las elites opresoras y sus mandaderos globalistas.

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