COLUMNA
Uruguay

El contenido de los viales y la composición de las “vacunas” (génicas experimentales) contra Covid-19 pueden tener impurezas (y algunas otras sorpresas).

Leonel Elola Verocay
Licenciado en Psicología
NO + MENTIRAS 30/10/2021

La composición real de las sustancias experimentales inoculadas contra Covid-19 sigue generando controversias y el secretismo impuesto no hace otra cosa que alimentar la desconfianza, pues al no haber análisis independientes de los viales todo queda librado a la discrecionalidad de las multinacionales farmacéuticas.

Componentes e impurezas.

Muy lejos de las “confesiones” que han obtenido periodistas y activistas del – Proyecto Veritas – en EE.UU mediante cámaras ocultas realizadas a científicos y funcionarios de las grandes multinacionales farmacéuticas, comenzaré esta columna con un discreto y nada espectacular reconocimiento que me ha hecho un cuadro técnico.

Esta persona que trabajó en el pasado en más de una gran empresa farmacéutica y ahora cumple roles de supervisión vinculados al Estado, es defensora de las vacunas y ya ha tomado dos dosis del inyectable Pfizer contra Covid-19.

Sin embargo, usando un léxico bien uruguayo, no está “toda tomada” por la ideología vacunatoria y se pueden intercambiar puntos de vista con ella, que aunque predominantemente divergentes, permiten sustentar una conversación racional y respetuosa.

En cierto momento de una reciente charla, luego que yo expusiera cuestionamientos sobre la composición de las inoculaciones, me dijo que desde ese ángulo en Bélgica la producción de vacunas, uno de los baluartes de su industria químico-farmacéutica, y las de Covid-19 en particular, está aún más supervisada y controlada que la de los medicamentos comunes, lo cual a ella le daba mayores garantías.

Pero seguidamente reconoció que en el proceso de producción de medicamentos con una alta complejidad biológica, múltiples componentes y en una escala muy grande, es casi inevitable que en algunas partidas puedan haber “impurezas”. Las mismas pueden estar presentes en alguno de los muchos insumos necesarios a su fabricación y que a su vez provienen de diferentes fuentes; es decir que son producidos en otros laboratorios, que forman la cadena de proveedores de una gran multinacional farmacéutica, Pfizer por ejemplo.

Esto no es una gran primicia, sino que es un hecho que hasta podría considerarse trivial, aunque oírlo de alguien que que estuvo “por dentro” de la industria es reafirmador de convicciones que permiten seguir armando un puzzle con muchísimas piezas, pero que grupos con poderosos intereses quieren evitar que sea armado para poder ver el paisaje total con claridad.

Las posibles IMPUREZAS en algunas partidas, sumadas a los probables COMPONENTES NO DECLARADOS, aunque supuestamente lo fueran como “secretos comerciales”, nos permiten tener un marco más abarcativo de comprensión.

La estrategia de la Plandemia creó las condiciones psico-sociológicas y políticas para que las multinacionales farmacéuticas impusieran a los gobiernos estatales, con escasa resistencia de la mayoría de estos, cláusulas de secretismo, tanto hacia los propios contratos, como hacia el contenido real de las inoculaciones experimentales, solo autorizadas por emergencia, cuyo análisis independiente queda expresamente prohibido. Solo estos acontecimientos son significativos para sospechar intenciones no explicitadas, pues contravienen todo criterio lógico y racional de seguridad y prevención en Salud Pública.

Es una gran paradoja que los mismos gobiernos que debieran preservar y cuidar la salud de los ciudadanos, se comprometan secretamente, a garantizar la impunidad ante cualquier error, negligencia, experimentación prohibida, etc. respecto a la composición de estas “vacunas”, renunciando a su potestad soberana de controlar y fiscalizar los productos de uso biológico en tanto medicamentos, como lo son todas las sustancias experimentales inoculables contra Covid-19.

Estas constataciones, que no son las únicas, nos dan a pensar que las composición de las denominadas “vacunas” contra Covid-19 (de una misma “marca” comercial) pueden tener composiciones variables, que las tecnologías actuales para su fabricación permiten realizar con relativa economía de medios (procesos industriales altamente automatizados, inteligencia artificial, dispositivos técnicos modulables informáticamente, etc.).

Placebos y seguimientos de control de los experimentos.

Viendo la entrevista a la Dra. Brandolino realizada por Lorena Frachia, Eloísa y Fernando Vega en un reciente programa en vivo de NO+MENTIRAS, oímos que ella afirma que hasta la mitad de las dosis inoculadas hasta ahora contra Covid-19 son placebo.

Esta es una aseveración que por el momento no puede probarse y a mi me parece excesiva. Aunque por otra parte tengo la convicción que si hay una fracción de inoculaciones contra Covid-19, que no son de los principios activos declarados, sino de sustancias fisiológicas neutras, es decir placebos.

La semana pasada, comunicándome con una amiga española que reside en Viena (Austria), me dijo que se había generado un “escándalo” público, por la revelación que parlamentarios austríacos que promocionan la vacunación, habían recibido inoculaciones con placebo. Por cierto este tipo de noticias no son replicadas por ningún medio masivo mainstream.

Refrescaré ahora lo que escribí el 6/8/2021 en mi columna “Personalidades Magnéticas”, por ser pertinente al tema. Entre las tres líneas hipotéticas allí esbozadas, una de ellas era:

“hay placebos que son inoculados en unos sí y en otros no”.

“Hay varios motivos por lo que esto podría ser cierto.
a) Como el experimento de las vacunas está en la Fase III de investigación clínica con humanos, el método denominado doble ciego requiere que además de los inoculados con la sustancia propiamente dicha, exista un grupo de control que recibe placebo, pero sin saberlo (ni los inyectados, ni los técnicos que efectúan la inoculación).

b) Los que reciban placebo sin saberlo, no tendrán efectos secundarios o adversos fisiológicos y por ello luego serán predicadores voluntarios de la inocuidad de las vacunas (el consabido “yo me la di y no me hizo nada”)

c) Por intereses políticos, económicos y de grupos de influencia en general. Sabiendo la alta posibilidad de efectos adversos, ciertas personas vinculadas al poder, podrían optar voluntariamente por recibir placebo, pero igualmente se presentarán públicamente como “vacunados”, con fines propagandísticos.”

Con el paso de muchas semanas y el desarrollo de los eventos, yo hoy diría que la probabilidad que haya inyecciones de placebos es del 99,99 %. La publicitada 3ra dosis de inoculación con “vacuna” Pfizer del presidente uruguayo Luis Lacalle Pou no contribuyó a disminuir mi estimación probabilística.

Queda por considerar la cuestión del seguimiento y control de los experimentos (punto a de la referencia antes citada). La Dra. Chinda Brandolino planteaba que ante cada inoculación queda el registro (escrito e informatizado), único para cada sujeto de experimentación, de que “vacuna” recibió y cuando, junto a los datos identificatorios del lote de la misma.

De esta manera las multinacionales farmacéuticas, pueden contar tanto con datos personales de cada inoculado, como con el conocimiento de que “variedad” vacunal (o placebo) recibió y pueden monitorear la evolución post vacunatoria.

Pero en la medida que en un país como Uruguay, el registro oficial de efectos adversos es bajísimo y la mayoría del cuerpo médico tiende a negarlos aumentando el subregistro, se plantea la interrogante: ¿Cómo puede la casa matriz de la farmacéutica realizar un seguimiento serio y confiable del experimento?

Brandolino plantea que con los recursos informáticos actuales eso puede hacerse con relativa facilidad y para esa finalidad serían los códigos, detectables con ciertos smartphones en muchos vacunados, mediante tecnología bluetooth.

Aunque personalmente no he profundizado mucho en ese tópico, sí puedo confirmar que actualmente se está invirtiendo y poniendo énfasis en tecnologías de seguimiento biológico (biotracking). Como ilustración de esto he visto la descripción y promoción de una de las tantas empresas del sector de Hi-Tech (alta tecnología) de EE.UU, que presentaba un sistema de biotracking que potencialmente cubriría toda la superficie terrestre mediante el uso de tecnología satelital. Dicho sistema es publicitado como un método muy prometedor para el seguimiento y control de “futuras pandemias”…

Realizando un sencillo ejercicio psicodramático de cambio de roles, si yo fuera un alto ejecutivo de una farmacéutica no confiaría en datos recopilados por gobiernos escasamente rigurosos y mediante funcionarios posiblemente corruptos. Lo más seguro sería contar con un sistema propio de seguimiento remoto, sin necesidad de la intermediación de políticos y técnicos locales de escasa confiabilidad.

Una nueva mirada a la composición real de las sustancias inoculadas experimentalmente.

Como suerte de ejercicio de ordenamiento de la información, intenté hacer una línea de tiempo de diferentes novedades sobre “descubrimientos” acerca de componentes de las sustancias experimentales contra Covid-19 y también hallazgos en los viales en que se distribuyen desde su fabricación en las plantas industriales farmacéuticas. Es más bien una perspectiva personal, de los tiempos en que yo me fui enterando de las noticias y no pretende ser una cronología exacta o exhaustiva.

Sin embargo partiré de un descubrimiento que considero a esta altura incontrovertible y con respaldo científico de buena fe, que está confirmado por varias investigaciones experimentales y explica con gran eficacia los mecanismos biológicos; fisiológicos y celulares de la ocurrencia de la enfermedad Covid-19 y también la génesis de los numerosos y graves efectos adversos de las inoculaciones experimentales, que deberían proteger de las consecuencias dañinas de la dolencia que se supone combaten.

Abril 2021.

Rol de la proteína Spike (espiga, de picos) en el origen de la sintomatología de Covid-19 y en los efectos adversos de las “vacunas contra el nuevo coronavirus” como se las denominó genéricamente. Todas estas, aún con diferentes biotecnologías, basan su accionar en dicha proteína, particularmente las jamás antes utilizadas en humanos de ARN mensajero, que junto a las vacunas de vectores virales, pueden también considerarse terapias génicas.

Mayo 2021.

– Comienzan a tener gran difusión en los medios de información disidentes al relato oficial, investigaciones periodísticas sobre la presencia de GRAFENO y sustancias de su familia fisicoquímica, en la composición de las sustancias inoculadas experimentalmente.

– Se reportan “efectos magnéticos” en personas vacunadas (y en algunas no-vacunadas también). Aumentan vertiginosamente los testimonios audiovisuales de fenómenos de esa categoría.

Junio – Julio 2021.

– Circulan algunos videos en las redes sociales, mostrando imágenes microscópicas, con diferentes técnicas de microscopía de algunas de las sustancias inoculables, en las cuales se aprecian objetos de tamaños y formas que conducen a hipótesis de dispositivos artificiales (¿nanobots o nanochips?).

– Distintos observadores constataron con aplicaciones de telefonía móvil en smartphones, la detección mediante tecnología bluetooth de códigos alfanuméricos desconocidos, particularmente numerosos en situaciones grupales y presumiblemente provenientes de los cuerpos de personas inoculadas.

Agosto – setiembre 2021.

– Nuevas investigaciones con sofisticadas técnicas de microscopía, realizadas independientemente en Alemania y EE.UU, encuentran diversas partículas de apariencia metálica en viales de “vacunas” para Covid-19.

– El gobierno de Japón efectúa análisis de viales provenientes de diferentes lotes de inoculaciones provenientes de la empresa farmacéutica “Moderna” y retira de uso millones de dosis por encontrar variaciones en la composición y partículas metálicas, por ejm. acero inoxidable. Luego también ocurre algo similar, aunque en menor escala con “vacunas” provenientes de la firma “Pfizer”.

Setiembre – octubre 2021.

– Videos de observaciones y análisis microscópicos de sustancias experimentales contra Covid-19 aprecian la presencia de componentes “vivientes” en las mismas. Por ejm. Hydra vulgaris y parásitos. También se presenta un caso, aún más polémico, en el cual parecería hallarse ante algún microorganismo exótico de difícil categorización.

Aunque este somero racconto parecería emerger de una serie de ciencia ficción distópica y hay extremos que desafían la credibilidad, desde una perspectiva lógica y metodológica rigurosa, nada de esto puede ser descartado de buenas a primeras.

Como yo lo advertía, la combinación de una experimentación masiva a nivel mundial, avalada por contratos de inmunidad abusivos, entre multinacionales farmacéuticas y gobiernos sumisos, arriesgan dar lugar y aún propiciar los experimentos más extravagantes y peligrosos.

Cuando las autoridades públicas competentes renuncian a sus potestades de controles de bioseguridad independientes y practican una política de “eyes wide shut” (ojos bien cerrados), caen en una gran irresponsabilidad al dejar en manos de actores privados las garantías de prevención básicas sobre los efectos de tratamientos de salud experimentales sobre la población.

Están los componentes conocidos y declarados de las sustancias experimentales contra Covid-19, como el ARN mensajero para enviar instrucciones a las células del inyectado, para producir proteína Spike, que tiene propiedades citotóxicas, ya muy detalladamente investigadas y demostradas.

También y con una elevada verosimilitud y probabilidad de certeza, hay componentes no declarados, como el óxido de grafeno que puede integrarse a las “vacunas” como soluciones acuosas. Esta sustancia puede cumplir funciones muy específicas en las tecnologías de éstas, a saber: el transporte de las delicadas moléculas de ARN mensajero para facilitar el franqueamiento de las membranas celulares y además tiene cualidades adyuvantes.

“Aunque los agregados de óxido de grafeno (GO) en líquidos biológicos inducen muerte celular y también presentan una pobre biosolubilidad y biocompatibilidad”. La frase entrecomillada es de un trabajo científico bastante reciente (agosto 2020) en el cual se exponen e investigan las propiedades del óxido de grafeno que lo convierten en un “atractivo” componente vacunal. Es muy factible que se esté buscando “mejorar” las funcionalidades biológicas del GO mediante los datos de la experimentación masiva. El artículo referido “Recientes progresos del óxido de grafeno como potencial transportador y adyuvante de vacunas” está enlazado en su publicación científica original en inglés al final.

Pero como frutilla de este postre mefistofélico, que sería la envidia de brujas y brujos de todas las épocas, están las IMPUREZAS. Esta es la categoría – coartada clave, ya que bajo ese rubro de “impurezas” casi inevitables en una porción de la producción, en procesos biológicos industriales complejos, para la fabricación a escala de miles de millones de dosis de inoculaciones, puede entrar CUALQUIER COSA.

Vacunarse en estas condiciones es un “juego” de alto riesgo vital, que nada tiene que envidiarle a la ruleta rusa, aunque es a todas luces muchísimo más sofisticado.

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