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Italia: El pase sanitario es una monstruosidad legal según el profesor Giorgio Agamben.

Giorgio Agamben
Filósofo
Le libre penseur. 10/10/2021

Nada más que decir, sencillo, claro y límpido. Si el Estado italiano -como el Estado francés- no se hace responsable de los efectos adversos de las vacunas, el ciudadano no tiene que hacerlo. Es además una admisión pura y completa de peligrosidad de la vacunación anti Covid-19.

Giorgio Agamben (filósofo italiano); discurso sobre el Pasaporte Covid ante el Comité de Asuntos Constitucionales del Senado italiano, 7 de octubre de 2021.

Me gustaría centrarme solo en dos puntos que deberían ser señalados a la atención de los parlamentarios que tendrán que votar sobre la transformación en ley del decreto-ley sobre el Pasaporte Covid.

1. El primero es la evidente contradicción del decreto en cuestión. Ustedes saben que, gracias a un decreto, el gobierno está exento de toda responsabilidad por los daños ocasionados por la vacuna. Y la gravedad de este daño queda demostrada por el hecho de que el artículo 3 del mismo decreto menciona explícitamente los artículos 589 y 590 del Código Penal, que se refieren al homicidio y lesiones por negligencia.

Como han señalado juristas con autoridad académica, esto significa que el estado no se siente capaz de asumir la responsabilidad de una vacuna que no ha completado su fase de prueba. Y sin embargo, al mismo tiempo, intenta obligar a las personas a vacunarse por todos los medios, si no excluyéndolas de la vida social y ahora, con el decreto que Uds. están votando, privándolas incluso de la posibilidad de trabajar.

¿Es posible imaginar una situación jurídica y moral más anormal? ¿Cómo puede el Estado acusar de irresponsabilidad a quienes deciden no vacunarse, cuando es el mismo Estado el primero en declinar formalmente cualquier responsabilidad por las posibles graves consecuencias de la vacuna?

Me gustaría que los parlamentarios reaccionaran ante esta contradicción, que en mi opinión es una monstruosidad jurídica.

2. El segundo punto sobre el que me gustaría llamar su atención no es el problema médico de la vacuna, sino el problema político del Pasaporte Covid.

Científicos y médicos han dicho que el pase Covid no tiene ninguna significación médica per se, pero sirve para obligar a las personas a vacunarse. Sin embargo, creo que tenemos que decir lo contrario: que la vacuna es una forma de obligar a las personas a tener un pase Covid, es decir, un dispositivo de control y seguimiento de las personas, lo cual no tiene precedentes.

Los politólogos saben desde hace algún tiempo que nuestras sociedades han pasado del modelo de «disciplina» al de sociedades de «control», basado en un control numérico casi ilimitado de los comportamientos individuales. Ahora se han vuelto cuantificables. Nos estamos acostumbrando a estos controles. Pero les pregunto, ¿hasta dónde estamos dispuestos a aceptar este control?

¿Es posible que los ciudadanos de una sociedad que se llama a sí misma democrática estén en peor situación que los ciudadanos de la Unión Soviética bajo Stalin? Usted sabe que los ciudadanos soviéticos debían mostrar un pase cada vez que se trasladaban de un estado soviético a otro. Pero nosotros tenemos que mostrar un pase para ir a restaurantes, museos, cine y ahora para ir a trabajar.

¿Cómo es posible aceptar que, por primera vez en la historia de Italia, después de las leyes fascistas de 1938 sobre los no arios, se creen ciudadanos de segunda clase sujetos a restricciones que –en un sentido estrictamente legal– son idénticas a aquellas sufridas por los no arios?

Hay muchas razones para creer que los sucesivos decretos-leyes deben verse como parte de un proceso de transformación de instituciones y paradigmas de gobierno.

Una transformación que es tanto más insidiosa cuanto que, como ocurre con el fascismo, se lleva a cabo sin modificar el texto de la Constitución, pero de manera subrepticia. El modelo así erosionado y borrado es el de las democracias parlamentarias con sus derechos y garantías constitucionales. En su lugar hay un paradigma de gobierno en el que, en nombre de la bioseguridad y el control, las libertades individuales están destinadas a sufrir limitaciones cada vez mayores.

El enfoque exclusivo en los contagios y la salud me parece que nos impide percibir el significado de esta gran transformación del ámbito político y también nos impide darnos cuenta de que la seguridad y la urgencia no son fenómenos transitorios, sino que constituyen la nueva forma de gobernabilidad. Creo que, desde esta perspectiva, es más urgente que nunca que los parlamentarios aborden la transformación política en curso, que, con el tiempo, pretende despojar al Parlamento de sus poderes, reduciéndolo a simplemente aprobar – en nombre de la bioseguridad – los decretos emitidos por organizaciones e individuos que tienen poco que ver con el Parlamento.

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https://youtu.be/T2Pei9gMxCQ

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