COLUMNA
Bélgica

Post 25.

Leonel Elola Verocay
Licenciado en Psicología.
NO+MENTIRAS 27/08/2021

La movilización coordinada entre diferentes colectivos que cuestionan, investigan y denuncian la Plandemia convocó a muchos centenares de compatriotas a Florida que en una patriada organizada a pulmón y entusiasmo consiguieron una formidable expresión ciudadana de protesta cívica. La lucha ante el totalitarismo que viene impuesto por poderosas élites globalistas no va a ser ni fácil ni breve, por lo tanto es imprescindible seguir construyendo la resistencia en un frente por la verdad, en el cual el propio devenir de los acontecimientos permitirá ir separando la paja del trigo.

Aunque vivo a varios miles de kilómetros de Montevideo y estoy más cerca de Kabul que de Florida, para mi el miércoles 25 de agosto el principal foco de atención mundial no estuvo en Afganistán sino en Uruguay.

Aunque aquí en Bélgica fue un día hábil común y no un feriado como allá, igual me las ingenié para poder ver pasajes y momentos de la movilización de protesta antiplademica, a través de los varios canales “en vivo y en directo” con los que cuenta el movimiento de resistencia uruguayo.

Aunque como a numerosos compatriotas me hubiera encantado estar presente “in situ”, ya no me lamento por la distancia física, que aunque es cierto que imposibilita muchas acciones, no fue impedimento para participar afectiva e intelectualmente de un acontecimiento histórico como el transcurrido.

Porque una jornada épica, como la del miércoles en Florida, Uruguay, se construye juntando rabias y deseos, sacrificios y disfrutes conjugados con energías inmateriales que en determinados momentos se materializan en un evento memorable.

Si la distancia significa en parte una desventaja insalvable en un período temporal acotado, también es algo remediable pues el espacio se puede “acortar” viajando y la propia evolución de las civilizaciones en  humanas en el tiempo lo demuestra.

Sin embargo, cierta lejanía también puede otorgar alguna ventaja transitoria, puesto que para tener una mirada con buena perspectiva es necesario tomar una cierta distancia.

Nosotros y quienes ya no les creemos más.

Mirando el acontecimiento de Florida, mediatizado por cámaras de teléfonos móviles, pero transmitido en tiempo real, el paisaje humano estaba conformado, a primera vista, por grupalidades bien diferenciadas. De una parte el oficialismo y del otro una masa de manifestantes.

Los integrantes del gobierno nacional allí presentes, tanto miembros del Poder Ejecutivo, como del Legislativos y algunos otros jerarcas de instituciones estatales, pueden englobarse como “los políticos”, aunque estrictamente no todos lo fueran. Representaban, más allá de las combinatorias de colores de sus banderas, a todo el estamento  político-partidario actual (por no decir clase o casta). Porque el esquematismo gobierno – oposición se ha desdibujado en cuanto al apoyo a las políticas de la Plandemia proveniente de centros mundiales de poder. 

En este aspecto de vital importancia para la sociedad uruguaya, solo se han visto matices, teatralizados o sociodramatizados a nivel parlamentario o declarativo, para intentar mostrarse como grandes diferencias, pero que rascando un poco dejan ver las coincidencias en seguir los designios de las macropolíticas impuestas por las elites del globalismo. Qué son las que luego de sumergir al mundo en una largamente diseñada “pandemia”, ahora siguen impulsando a marcha forzada una campaña de vacunación que no solo es ampliamente controvertida científicamente sino que desde lo empírico se está constatando su elevado costo en vidas humanas dañadas o perdidas definitivamente.

Del otro lado de “las autoridades” pero a escasos metros, solo separados por un cordón policial, se encontraba un nutrido conjunto de ciudadanos voceando reclamos y protestas hacia el gobierno. Aunque esta masa humana constituída por más de dos mil uruguayos, venidos desde distintos puntos del territorio nacional, estaba lejos de ser homogénea. 

Entre los del llano, coexistieron dos (o más, según se lo vea) manifestaciones. Una, la más numerosa y expresiva era la nuestra, convocada y organizada por varios colectivos coordinados, entre ellos NO+MENTIRAS.  Sus banderas identificatorias eran predominantemente uruguayas, y quienes formaban esta multitud no suelen usar  tapabocas, ni ninguna barrera que dificulte ejercer el vital acto respiratorio.  Seguramente los medios masivos de comunicación los tildaron de “antivacunas” como lo hacen un día sí y otro también, en su falaciosa construcción de relatos flechados. Pero los reproches al gobierno, reivindicaciones y peticiones fueron todos a favor de la vida y la libertad. Es decir contrarios a las medidas sanitarias y liberticidas, a nuestro juicio graves y letalmente erradas. 

La otra, menos numerosa pero igualmente importante, se podía identificar visualmente por sus banderas gremiales; también porque la mayoría de sus componentes se mostraron obedientes a la consigna sanitarista del uso de barbijos y tapabocas, aún estando al aire libre.

Según entendí por lo visto, eran ciudadanos integrantes de la central Pit-Cnt, de su rama de funcionarios públicos y particularmente de los sindicatos de la Salud Pública, cuya bandera con una cruz verde y las iniciales de su federación identifiqué en las imágenes. Aunque no tengo un conocimiento detallado de sus reivindicaciones, puedo suponer que tenían un lugar preponderante las presupuestales, tema de tratamiento parlamentario actual.

La contigüidad en el terreno no significó que en lo que respecta a la situación plandémica y de la vacunación, ambas grupalidades compartan sus posiciones, puesto que no se ha visto a los principales dirigentes de la Central sindical siquiera cuestionar el uso de los “bozales”(más bien que los usan dobles), ni tampoco se ha sabido que los funcionarios de la salud hayan propuesto un paro de “jeringuillas caídas” en contra de las inoculaciones experimentales y génicas.

Pero aún entre los que formaban parte de la congregación mayoritaria de los movilizados, hubo un subconjunto tal vez pequeño, pero no por eso cualitativamente descartable, que no comulgó con ciertas acciones expresivas que se realizaron, algunos de cuyos participantes escuché el jueves en un programa radial matinal.

¿Quien se saltó el protocolo?

Reconozco que personalmente no hubiese utilizado alguno de los más gruesos adjetivos proferidos, ni tampoco coreado todas y cada una de las consignas, pero no me asombraron en absoluto y entiendo a quienes las gritaron. Ni tampoco parece que hayan preocupado demasiado a sus destinatarios, ya que no ha de ser la primera vez que las oyen. 

En un país democrático, en el cual están estampadas constitucionalmente la libertad de reunión y de expresión, no puede haber “protocolización” de lo que se expresa y de la manera de hacerlo; sus límites sólo serán los establecidos por la ley.

Un acto público de la naturaleza del realizado conmemorando la fecha de la declaratoria de la independencia, con asistencia de las más altas autoridades estatales, no se efectúa librado a la improvisación o el azar.

Es decir que debe haber un programa minuciosamente establecido y con un cronograma claramente estipulado. En este caso si hay rutinas y tradiciones protocolares, diseñadas por funcionarios profesionales en estos cometidos organizacionales. También la seguridad del evento, incluyendo guardias y protección de las autoridades, es planificada de oficio por los servicios competentes.

A mi lo que sí me causó sorpresa, fue que el presidente de la República finalmente no realizara su discurso, que previsiblemente debería ser la parte culminante del acto patrio. No puedo imaginar un protocolo oficial que no previera un discurso presidencial en alta y viva voz.

No se puede atribuir a ningún griterío de consignas, bochinche o verbalizaciones de los manifestantes el hecho de la modificación del protocolo del acto. Tan es así que el Sr. Presidente, el mismo que suspendió su discurso, luego realizó declaraciones a la prensa sin mayor apuro e incluso se acercó a los manifestantes para intercambiar con algunos de ellos algunas palabras e incluso contactos físicos.

Lo que no hay es protocolo alguno, que determine al presidente de la República a realizar esos acercamientos hacia el público presente en un acto multitudinario. Seguramente hubo una evaluación por parte del mismo Luis Lacalle Pou y su seguridad, que concluyó en la ausencia de peligrosidad de estas interacciones. 

Sus conclusiones fueron acertadas, porque pese a los vocablos encendidos y emociones a flor de piel, la manifestación aún en la firmeza de sus reivindicaciones, en ningún momento se apartó de su carácter pácifico.

¡A seguir rompiendo “Protokolas”!

Oí claramente en una transmisión, que luego de terminada la parte formal del acto, se reprochaba a los políticos y otros jerarcas estatales, que permanecieron en el lugar charlando y manteniendo gran proximidad corporal entre ellos, sin mantener el distanciamiento que tanto se exige a los ciudadanos comunes.

Pero dichos comportamientos no son nada inusuales en las clases dirigentes durante la Plandemia, sólo que en muchas oportunidades no lo hacen tan a la vista de todos. Sobran los ejemplos, tanto uruguayos como internacionales, que van desde las fiestitas del presidente argentino en su residencia oficial bonaerense, hasta la celebración del cumpleaños número 60 del ex-presidente de EE.UU Obama, con cientos de invitados, bebiendo, comiendo y danzando.

Durante los días siguientes se irán desglosando los resultados de la extravagante noche de la nostalgia 2021 con “apartheid” entre ciudadanos uruguayos, tanto en el plano económico para los empresarios discriminadores, como desde el punto de vista sanitario.

Ciertas medidas de apariencia preventiva, pero tan ridículas como la campaña publicitaria de las “protokolas”, seguramente no hayan servido para nada respecto a contagios o circulación viral, pero desde la perspectiva oficialista siempre se puede usar un evento masivo de esas características, para alimentar falsos relatos según intenciones inconfesables.

Aunque en relación a la manifestación y posterior acto respiracionista en la plaza de Florida, ya no le puede sacar mucho jugo el discurso oficialista plandémico, pues se sabe que esa gente digna y valiente no quiere saber nada con distanciamientos ni bozales y como tampoco se vacuna no arriesga a tener efectos adversos. Para colmo sus conductas y costumbres sociales y gregarias contribuyen a intercambiar conocimientos y abrazos, afectos, saberes e historias lo cual fortalece sus sistemas inmunitarios. No se puede esperar gran cosa de ell@s, pensarán los editores y presentadores de los noticieros de TV.

En Uruguay después del 25 quedó instalado y abierto otro frente de batalla.

La afirmación de la incredulidad colectiva creciente, que incluye al sistema político-partidario actual y otras organizaciones sociales históricas, que al plegarse y someterse a los designios ideológicos de la Plandemia y la “solución final” vacunatoria, han desertado de sus orígenes y nobles finalidades de otrora, no debe conducirnos al nihilismo existencial.

Por el contrario este combate a favor de la vida, por la dignidad humana y la libertad, ante adversarios tan poderosos, también nos insufla de energías y moviliza reservas anímicas e inmateriales, tal vez insospechadas por varios de quienes participamos desde hace tiempo y de los muchos que se van incorporando al movimiento de resistencia.

No hay que regalar ni un metro del terreno recuperado contra las fuerzas oscurantistas. La lucha debe ser multidimensional y son igualmente válidas las opciones por el trabajo personal de autocuidados y autoconocimiento, como las renacientes buenas ideas e iniciativas de juntarse en proyectos comunitarios cultivando ideologías alternativas, tanto en lo que concierne a relaciones económicas y de intercambio, como a las diversas maneras de promover y cuidar de la salud individual y colectiva.

Pero tampoco hay que renunciar ni dejar de lado las acciones y posibilidades de actuar y marcar presencia en todos los planos institucionales que siguen condicionando a la sociedad en su conjunto.

Es con estas perspectivas que debemos replantearnos la pregunta: 

¿A quienes podemos creerles ahora?

Sin dudas que a nosotr@s mismos, los que estamos y vamos a seguir resistiendo ante la mentiras y las falsedades que han tomado la delantera en casi todos los ámbitos sociales.

Es tiempo de seguir creando y organizando lo nuevo y fortaleciendo nuestra credibilidad, apoyados siempre en la investigación, la búsqueda de la verdad y el debate franco y honesto. Si bien hay muchas hipótesis posibles, no sabemos con certeza cómo se seguirán desarrollando los acontecimientos mundiales de esta Plandemia y otras eventualidades probables, que las élites tienen aún en la manga para intentar seguir sus macabros planes de dominio absoluto. Esto también dependerá de la oposición y resistencia a nivel planetario, que día a día vemos crecer.

Pero salvo que haya eventos cataclísmicos cercanos, que aunque no descartables tampoco son tan inminentes en los próximos meses, las dinámicas institucionales seguirán su curso en el mundo. Uruguay no escapa a esas inercias, por lo tanto ya desde ahora debemos estar conscientes que el sistema en los próximos meses y años, intentará volver a encasillarnos en opciones binarias, que en el fondo son versiones con apariencias diferentes, de lo mismo.

Tenemos que perseverar en construir este frente de lucha por la verdad, confiando en la justicia de nuestro bregar a favor de la vida. Esto va más allá de la Plandemia y presupone crear nuevas formas de relacionamiento colectivo y social que nos permitan a nosotros y nuestra descendencia, desarrollar las potencialidades de la libertad de ser plenamente humanos.

 

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