COLUMNA
Bélgica

Engañar a todos.

Leonel Elola Verocay
Licenciado en Psicología
NO+MENTIRAS 30/7/2021

¿Nos han estado engañando masivamente desde el comienzo de la "Pandemia" de Covid-19? Se discute la cuestión a propósito de los test PCR y de antígenos para SarsCov-2 y la reciente resolución del CDC de USA respecto al testeo después del 31/12/2021. Quienes ejercitamos el pensamiento crítico y disentimos de las políticas plandémicas señalados con ligereza y a veces mala fe, como "conspiranoicos" o "virusplanistas" probablemente tenemos mejores defensas ante el engaño a gran escala; eso a esta altura puede ser un asunto de vida o muerte.

i Chau PCR, hola nuevos tests !

Según el saber popular es posible engañar a muchos durante algún tiempo, también engañar a algunos durante mucho tiempo, pero es imposible engañar a todos durante todo el tiempo.

En estos momentos debemos ser una cantidad de gente que deseamos que esta máxima sea verdadera y se cumpla. Porque aunque estrictamente existe una ultraminoría criminal y embaucadora y una inmensa masa de engañados con la Plandemia, aunque en distintos grados y durante diferentes lapsos, es como si todos estuviéramos viviendo engañados continuamente desde hace ya casi un año y medio. No es que antes de eso el mundo fuera el reino de la verdad, para nada, pero la magnitud de lo que ha sucedido y todavía no ha culminado es inconmensurable.

La noticia es que el CDC estadounidense anuncia que después del 31/12/2021 se retira la autorización de emergencia para los test PCR, que fueron la “regla de oro” para detectar los denominados casos positivos por presencia del virus SarsCov-2. (Ver link al final) Ello condujo sin más a contabilizar a millones de personas en todo el mundo como enfermos de Covid-19 y esto debería lógicamente llevar a preguntarnos si la validación y uso masificado de dicha prueba diagnóstica no ha sido un enorme engaño.

Esta discusión daría para mucho escribir, pero en este momento basta señalar que han habido escasos pero muy honrosos profesionales y científicos que vienen planteando fundamentados cuestionamientos y críticas muy fuertes, desde hace muchos meses atrás. Me abstengo de profundizar el asunto técnico del denominado CT (umbral de ciclo o ciclo de corte) un parámetro controlable por los administradores de los tests y que puede hacer aumentar o disminuir el porcentaje de positividad de las pruebas. Fue nuestro compañero el Dr. Javier Sciuto uno de los valientes portavoces de las “Caravanas por la Verdad” que recorrieron el Uruguay en dos oportunidades durante los primeros meses del presente, quien brillantemente fue de los primeros en el mundo en estudiar y advertir públicamente que dicho CT podía ser un factor de manipulación deliberada de los resultados.

Hasta que la OMS admitió lo mismo que Sciuto venía repitiendo hasta el cansancio, su correcta apreciación fue desacreditada y atacada sistemáticamente por los promotores más visibles de la Plandemia y sus numerosos cómplices por acción u omisión. Correlativamente al uso de la positividad en los test PCR para etiquetar “casos Covid-19”, también tuvieron que inventar una figura sin precedentes en la historia de la medicina, el enfermo asintomático para enmascarar la evidencia clínica que muchos de los testeados como teniendo el virus no presentan síntoma alguno.

Aunque la constatación cada vez más extendida y fundada que esta técnica de “amplificación en cadena” puede ser una fuente de errores, en la hipótesis más benigna o un componente principal del gran engaño, no parece sencillo modificar este pilar de un relato falseado. Aún se siguen utilizando y dando por buenos dichos test (tal vez lo sean si se usaran mesurada y correctamente) por lo menos hasta fin de año, si es que otras agencias de control de medicamentos, como por ejem. la agencia europea (EMA), acompaña la decisión norteamericana, lo cual es harto probable.

Esta breve introducción, con los PCR como foco, sirve para interrogarnos sobre el lugar preponderante del engaño y la mentira en la vida social “plandémica”. ¿Cómo ha sido y es posible que se venga institucionalizando una “sociedad del engaño” como nunca antes se vio, en el intento de instalar por la fuerza y la falsedad una “nueva normalidad”? Observar, desglosar, analizar, comprender, explicar y denunciar los  mecanismos que llevan a esta realidad distorsionada e insalubre son maneras de ir rompiendo las cadenas de mentiras.

Podemos seguir mirando detenidamente el ejemplo de los test diagnósticos de Covid-19 porque tienen mucho paño para cortar. Desde mediados del año pasado se venía hablando y pasó a conocimiento público la investigación y desarrollo de otra clase de pruebas, más rápidas en dar resultados, más simples y menos costosas: los test de antígenos.

A partir del segundo trimestre de 2021, como ya lo mencioné en otra columna anterior, dichos dispositivos son de venta libre en farmacias de Bélgica y son autoadministrables, es decir que se lo puede aplicar uno mismo. Recientemente, coincidiendo con el inicio de la temporada veraniega, algunos países europeos como España, admiten estos test como alternativos a los PCR. Además, por su rapidez de aplicación son adecuados para despistajes en eventos colectivos y masivos. 

Son pruebas de resultado binario, pueden dar positivo o negativo. Si dan resultado negativo (una sola línea en el display) no hay mayor problema y funcionan como la luz verde de un semáforo. Pero si dan positivo se complica (para el testeado). Por ejm. ese resultado positivo significará la interdicción de la entrada para un espectáculo. Sin embargo, aunque positivo, no es un resultado definitivo. En efecto, para confirmar ese resultado preliminar “el protocolo” indica la realización de un test PCR, que vuelve a funcionar como regla de oro, pues solo si esta última prueba indica positividad se confirmará como “Caso Covid”, pero si es negativo, descarta el resultado del test de antígenos, que es menos preciso.

Es decir que se usa como instrumento de control y verificación de un test un poco menos fiable, una prueba, el PCR, que como está demostrado puede dar con bastante facilidad, resultados falsos.

Lo interesante de esta situación paradojal es lo reveladora que es de como funciona un “sistema de engaño” con base técnica, pues esta combinación de instrumentos: test de antígenos + test PCR puede dar resultados correctos, pero también toda suerte de resultados engañosos. Es posible que una persona con carga viral no resulte detectada con un test de antígenos, menos sensible. Pero también sería posible que alguien sin virus caiga en el margen de error de dichos test rápidos y sea falsamente positivo. Incluso esto podría resultar confirmado por un test PCR si este es realizado con un CT de corte muy elevado (por ejm. 40 ciclos, como se han hecho).

i O sea que es posible que haya personas “certificadas” por laboratorios autorizados con resultados que objetivamente son erróneos o falsos, pero que dentro de un sistema de engaños puedan tener su “pase verde” con virus y también que les sea negado, sin carga viral ! Otro argumento para mostrar la falta de seriedad científica de dicha iniciativa de pasaportes o pases que permitan o prohíban actividades a ciudadanos teóricamente con iguales derechos.

Lo antes desarrollado muestra que un dispositivo técnico de cierta complejidad puede ser instrumentalizado voluntariamente, o incluso funcionar incorrectamente por negligencia, para generar un encadenamiento de engaños.

La plausibilidad de “engañar a tod@s” está basada en propagación en cadena (o red) de la mentira y esto es posible tanto por la existencia de técnicas y procedimientos que lo permitan, como por la complicidad de muchas personas que tienen distintas responsabilidades en el diseño, regulación, autorización e implementación de los mismos.

Mentime que me gusta.

Agregaremos otra perla que surge del comunicado del CDC de EE.UU. El mismo indica que el o los nuevos tests que deberán tomar el relevo de los PCR deben ser capaces de diferenciar claramente virus de influenza (gripe) de SarsCov-2 (Covid-19). Entonces, mediante la explicitación por una entidad que detenta autoridad (científica y política), verificamos algo que en fondo muchos sabíamos. Era mentira que la gripe casi desapareció de la faz de la tierra después del primer trimestre del 2020.

A cualquier persona con un nivel intelectual normal (no se necesita ser “muy inteligente”) y un mínimo de curiosidad e información le podría haber llamado la atención que en años precedentes las estadísticas indican millares de casos gripales cada temporada, acentuándose en cantidad y gravedad en otoño – invierno. Pero súbitamente la gripe pareció casi extinguida. En España, por citar un ejemplo conspicuo, en 2020 la gráfica de casos gripales quedó “planchada” luego de aparecer la enfermedad Covid-19. Incluso llegué a leer en alguna parte que se habían notificado solo 6 casos de gripe en el territorio español durante todo ese período anual.

Esta absurdidad que ofende tanto a la inteligencia como al sentido común, fue intentada explicar por puerilidades tales como que las medidas no farmacológicas adoptadas por los gobiernos ante la nueva epidemia, es decir, mascarillas faciales, distanciamiento físico, lavado de manos y alcohol en gel, habían prácticamente extinguido la propagación de los virus que causan la gripe común estacional.

Tal vez esta constatación sobre la presunta desaparición de la gripe, nos muestre que además de los engaños mediante procedimientos técnicos, hay algo más que permite que prospere la falsedad. Porque de alguna manera todos, aún siendo conscientes que esas explicaciones no podían ser verdaderas, igualmente las toleramos y recibimos más o menos pasivamente, permitiendo la construcción de un falso relato, por una suerte de pereza intelectual y conformismo.

James Bond no es un conspiranoico.

Cuando estudié psicología en la Universidad de la República tuve un curso denominado “Psicología Diferencial”. En el mismo había que hacer un trabajo final, requisito para aprobar el mismo e ir a examen. La consigna era elegir alguna de las tipologías o clasificaciones de personalidades que se habían estudiado en el transcurrir del año y usarla con un personaje a elección del estudiante.

Debo decir que vacilé entre dos personajes bastante antagónicos y descarté uno de ellos, un joven discapacitado que protagoniza un documental que me había gustado mucho y había visionado en Cinemateca Uruguaya, por falta de material.  Solo había visto la película y en esa época ni siquiera podía reverla, pues no había video ni internet disponibles.

Me quedé con James Bond, por motivos racionales y prácticos; tenía vistas casi todas sus películas hasta ese momento, gracias a Cinemateca y Cine Universitario, lugares donde cultivaba mi cinefilia juvenil. Además disponía en mi haber un buen número de las novelas escritas por el inglés Ian Fleming, de las cuales surgieron los guiones de las principales películas de la saga. Las había conseguido usadas por la modalidad de canje y pago, en la muy recordada librería “Ruben” de la calle Tristán Narvaja, de la que era asiduo visitante.

Con todo ese bagaje acerca del famoso agente 007 y cierta habilidad analítica y de escritura hice una buena labor, diagnosticando al célebre espía como un “paranoide” típico. Obtuve una calificación numérica en la reducida escala de ese tiempo, que ahora creo sería equivalente a un MBS  y que fue merecida, porque quedé muy conforme con el trabajo realizado.

Solo voy a acotar, para una mejor comprensión, que esa tipología de personalidades que utilicé (lo cual en el presente me parece muy polémico científicamente hablando y probablemente en desuso) tomaba como referencia categorías clínicas psicopatológicas. Es así que se consideraba que una persona “paranoide”, sin dejar de pertenecer al  discutible campo de la normalidad, tendría rasgos que aunque atenuados, se asemejarían a la de los enfermos paranoicos descritos en la literatura psicoanalítica y psiquiátrica.

Pero en este contexto actual mejor dejar de lado a James Bond, al que se le pueden encontrar una multitud de pecados y entre elllos el original, que es su inquebrantable fidelidad a la corona británica; ahora sería un ferviente pro-vacunas, aunque dudo que fuera un obediente “Covidlover”, ya que no lo puedo imaginar realizando sus hazañas y aventuras de tapabocas y lavándose las manos con alcohol en gel.  

Sin embargo cabe destacar que una buena cuota de desconfianza, así como un criticismo pronunciado, que podrían considerarse propios de un carácter paranoide, son aspectos que  mantienen alto el nivel de alerta y sirven para contrarrestar los intentos de engaños masivos a los que pretende someternos la Plandemia.

Llegué hasta aquí para mostrar uno de los orígenes del término “conspiranoico”  de intención despectiva y descalificadora, acuñado con fines de neutralización discursiva hacia quien esté dirigido. Es una condensación de “conspiración” y “paranoia”, que subliminalmente trata de transmitir la idea que el designado como tal es una especie de enfermo mental que ve conspiraciones en todas partes (y por supuesto, está totalmente equivocado).

Virusplanista pero no masco vidrio.

Cierto día durante los últimos meses de 2020, comunicandome con un antiguo compañero de estudios de psicología, con quien posteriormente fuimos colegas en la docencia universitaria, me dijo: “Vi tu firma de adhesión a un manifiesto de un grupo de intelectuales sobre la pandemia de Covid-19 en Uruguay. No sabía que vos también eras virusplanista”

Fue la primera vez que escuché ese ingenioso neologismo que asocia una posición crítica respecto a la presunta pandemia y su origen, el virus SarsCov-2 y las medidas políticas y sanitarias tomadas por el gobierno, con la desacreditada ideología del terraplanismo. Ahora veo con claridad que es un giro con algo de eufemismo, que evita la crudeza de incluir a alguien en la categoría “conspiranoica”.

En principio no me molestó, pero me quedó picando el sutil reproche o por lo menos una cierta desvalorización de una posición que evidentemente él no compartía, que de última hace a una cuestión política y social fundamental en el momento histórico presente.

Ha ido pasando el tiempo y los intercambios de opiniones con este amigo se fueron reduciendo, llegando hasta cero en el último par de meses. El ya recibió dos dosis de la vacuna de origen chino SinoVac; la primera con entusiasmo reflejado en su foto transitoria de perfil de Facebook, la segunda con menos fervor, ya que solo hizo una breve mención escrita con algo de humor.

Ahora lo imagino pensativo ante la inminencia de recibir una 3ra dosis de “vacuna” Pfizer con la tecnología innovadora de ARN mensajero, que parece tan alejada de la que parecía en principio más ortodoxa y menos riesgosa con el virus atenuado.

Como él deben haber ahora cientos de miles de uruguayos en esa “situación dilemática” que podrán resolver de la mejor manera transformándola en una “situación problemática” tal como decía el troesma. Le recomiendo a él, si llega a leer este texto y reconocerse, y a tod@s los demás, informarse y estudiar en profundidad el problema; la página web de NO+MENTIRAS puede ser una buena referencia, con noticias, informaciones y opiniones críticas sobre la marcha de la Plandemia acrecentadas día a día.

Porque si bien creo que no fue en vano que Einstein dijo aquella frase sobre el Universo, el infinito y la estupidez humana, en el fondo no me parece que sean muchos los que disfruten al ser engañados en un asuntos del cual depende su salud inmediata y aún su vida y la de las generaciones más jóvenes.

 

Fuente de la ilustración: «The Conversation» : www.theconversation.com/una- sociología-de-las-conspiraciones-164641

 

 

 

2 comentarios en «Engañar a todos.»

  1. Con respecto al «pase verde» surge la cuestión de qué harán con el vacunado dos veces (o tres), que habiendo superado el tiempo necesario para tener «inmunidad», sea acreedor al PASE VERDE VIP, pero que aún así puede infectarse e infectar. El PASE VERDE significa que tiene entrada libre a todos lados, sin necesidad de PCR ni test de antígenos, o sea que puede moverse libremente en fiestas, bares, restaurantes, gimnasios, la Rural… y como no se lo controla, podrá dejar un reguero de … ¿nuevas cepas? O pondrán la carga de la culpa en las vacas de la Rural, que NO están vacunadas?
    Por lo demás, y en referencia al impagable James Bond: un cierto grado de PARANOIA es imprescindible en un espía, es más, debe ser cultivado como una virtud que puede salvarle el pellejo. Creo que todos en cierta medida tenemos la capacidad de desarrollar un poquito de «paranoia», por lo menos para no creernos de entrada el «cuento del tío», máxime cuando NO HAY ALICIENTE alguno, o si los hubo, ya se ha demostrado que no lo son: seguirá el enmascaramiento, la distancia social y el saludo con el estúpido «puñito».

  2. Muy bien visto Rosina, dado que los multivacunados igual pueden infectarse y ser portadores del virus, también pueden contagiar. O sea ese es otro punto débil de los «pases verdes», aunque en el inefable código de colores yorugua, el nivel más elevado es el «celeste» y corresponde al n – veces vacunado con un test negativo !!
    Como en muchas otras cosas, con la «persecuta» es cuestión de encontrar la justa medida para el ciudadano «normal», pero lógicamente que también depende de la profesión u ocupación de c/u, en algunos casos, como el referido, ese nivel debe ser necesariamente elevado. A James Bond le ha funcionado bien, porque hace rato que se agotaron las novelas originales de Ian Flemming y el personaje continúa vivo y siguen haciendo películas nuevas !! (ya hace tiempo me desinteresé de verlas).

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