COLUMNA
Bélgica

Marlene y las tempestades.

Leonel Elola Verocay
Licenciado en Psicología
NO+MENTIRAS 23/07/2021

En el marco de grandes lluvias e inundaciones catastróficas en Bélgica, se desarrolla una situación dramática relacionada a una trabajadora del sector sanitario en Francia, coaccionada a vacunarse. La conclusión es que tenemos que "salir de esta" y la movilización masiva de protesta nos puede acercar a la salida.

De la luz al gris.

Hay semanas que transcurren dentro de los límites de lo habitual o rutinario, otras pasan como eventos fuera de las pautas más o menos repetitivas. Algunas pueden ser predominantemente agradables, armoniosas y satisfactorias, pero también las hay marcadas por la ansiedades, incertidumbres, miedos o angustias.

Después de comenzar el mes de julio con una quincena particularmente grata y disfrutable, con mucho sol y mar, mi regreso a Bélgica hace una semana y poco, estuvo signado por un cambio meteorológico grande, que podría haber sido un presagio, aunque en el momento ni se me ocurrió eso.

Mi aterrizaje en el aeropuerto de Charleroi fue un miércoles gris y lluvioso. Luego de llegar me acordé de Marlene, pensando que todavía le quedaban al menos uno o dos días soleados para aprovechar.

Ella es una vieja amiga del barrio de mi adolescencia y pese a que hace unos 30 años que no nos encontramos físicamente, desde que estoy en Europa retomamos el contacto virtualmente. Marlene vive desde hace más de dos décadas en Francia y cierta cercanía geográfica, el compartir una cultura con una misma matriz lingüística y nuestro carácter común de emigrantes, mantuvo abierto y disponible un canal comunicativo, que aunque de manera discontinua, nos ha permitido intercambiar vivencias e ideas.

Durante el mes de mayo pasado, ella me envió un mensaje contándome que no se quería vacunar contra Covid-19, pero en su entorno laboral la presión cada vez era mayor. Conversamos un rato, ante mi pregunta, me dijo que más bien era un “clima” que implícitamente colocaba a los no vacunados, que eran una minoría, en una situación tensa. Marlene trabaja en una institución de cuidado de personas, en la intersección de lo sanitario y educativo.

Conociendo mis posturas respecto a este problema, me pidió información y me interrogó sobre que podía hacer en su situación.  Amén de pasarle informaciones sobre el carácter experimental y de terapias génicas de estas supuestas “vacunas”, le recomendé se conectara con grupos y movimientos que tuviesen una clara posición de cuestionamiento y rechazo al discurso oficial respecto a la “pandemia”. Le pasé algún dato sobre Reinfo Covid, un colectivo y red de ciudadanos franceses, que nuclea a muchos cientos o miles, una buena parte profesionales y trabajadores de la Salud. Allí podría generar vínculos, sentirse más apoyada y disponer de otros ámbitos de intercambios. 

Me agradeció el aguante y la información. Luego en días posteriores tuvimos otra comunicación, sobre medicamentos y sustancias para prevención y tratamiento de Covid-19. La cosa quedó por ahí y durante varias semanas no charlamos más.

Fue a fines de junio, ya comenzado el verano en el hemisferio norte, que retomamos el contacto. Hablando de posibles vacaciones y viajes, ella me dijo que estaba trabajando muchas horas y que necesitaba hacerlo porque tenía que afrontar gastos extras. Aún comprendiendo su necesidad material, le insistí para que se tomara algunos días de vacaciones, ya que venía de meses de trabajo estresante y eso me parecía necesario para preservar su salud física y mental.

Estando yo casi con un pie en el avión para viajar a Málaga, recibí un mensaje de Marlene, en el cual me contaba que teniendo en cuenta lo que le dije, había conseguido unos días de asueto e iría a pasarlos a una localidad costera del norte europeo. Ella partiría unos diez días después de mi y noté que aunque sus vacaciones serían breves esto le generaba expectativas positivas, porque aunque era muy viajera antes de la Plandemia, durante la ya larga extensión de esta, se había abstenido de realizar desplazamientos fuera de su región cercana.

Ya instalado en la Costa del Sol andaluza, intercambiamos algunos breves textos por aplicaciones de mensajería. Así fue que me comentó que había conseguido unos pasajes de avión a un precio muy conveniente y ya tenía todo pronto para su partida.

Fue transcurriendo mi tiempo vacacional intensamente y las visicitudes de Marlene salieron del campo de mi atención durante varios días. Hasta que el último domingo de mi estancia mediterránea recibí un nuevo mensaje de su parte; ya había arribado bien a su destino de vacaciones veraniegas. Teniendo en cuenta mi propia experiencia reciente, le pregunté si había viajado con un test de antígenos, como lo hice yo, o le habían exigido un PCR para realizar el viaje en avión. Fue en ese momento que me llevé una gran sorpresa, de tal magnitud que ya ni me acuerdo que me contestó sobre los tests. Me dijo: “No te voy a mentir a vos, ya me di las dos dosis de vacuna Pfizer”, como si fuera un destino al cual le fue imposible escapar.

Reencuentro con las tempestades.

El miércoles 14 cuando volví a Bélgica llovía, como ya dije. Algo que no es poco frecuente aquí, incluso en verano. Si alguien no es capaz de tolerar lluvias bastante frecuentes y períodos de varios días seguidos totalmente nublados, no le recomiendo pensar en instalarse en este “petit pays”.

El jueves, temprano en la mañana, coordiné para realizarme el PCR “de llegada” dentro de las 24 horas del arribo al país, de acuerdo a las reglas belgas (lo cual me permitió viajar sin vacuna ni test alguno de vuelta). Temprano por la tarde me presenté al Hospital designado, seguía lloviendo, aunque suavemente. Aunque luego ya entrado el atardecer se largó de nuevo un fuerte aguacero, que me parece continuó toda la noche e incluso seguía cuando me levanté el viernes por la mañana.

Procurando “reinsertarme” rápidamente, después de dos semanas inmerso en la realidad española, ojeando las noticias del día me comencé a enterar de las inundaciones en varios puntos del territorio y del carácter catastrófico de las crecidas de ríos y corrientes de agua menores, en varios pueblos y localidades más grandes, principalmente al Este del país. 

La ciudad donde vivo no fue muy afectada, a pesar que un río importante la atraviesa. Dicho río, que incluso es navegable para embarcaciones de carga de cabotaje y deportivas, está desde hace mucho tiempo canalizado en su transcurso urbano y supongo que eso fue un factor preventivo. Tampoco la casa donde habito fué afectada, no está cerca de ninguna corriente de agua y el barrio no debe ser bajo, ya que nunca supe que se haya inundado. Por cierto que esto es mera casualidad, ya que nunca tuve en cuenta estos factores cuando elegí este lugar de residencia.

La parcial anegación de parte de mi fondo y la pérdida de un animal, son hechos muy menores ante los enormes daños y destrozos de las violentas crecidas de agua en otros lugares. Vi casas literalmente “partidas al medio” o que quedaron totalmente inhabitables por riesgos de derrumbe. Muchas familias sufrieron pérdidas casi totales de equipamientos hogareños y abundantes automóviles fueron arrastrados por la corriente, convirtiéndolos en chatarras (pero esto último la verdad es que me importa muy poco)

Al día de hoy hay 36 muertos y alrededor 80 desaparecidos, por lo cual al pasar de los días la cuenta fatal es probable que pueda aumentar. (ver enlace al final)

Después de un año y cuatro meses de “crisis pandémica” con todo lo negativo que trajo aparejado, ahora se suma, aunque puntualmente por ahora, una “crisis climática” de carácter espectacular. La gente más vieja de algunas localidades, interrogadas por noticieros de TV afirman que nunca habían visto algo igual en sus vidas. Es cierto que las inundaciones y sus efectos son impresionantes. Que ingrese agua a un domicilio y trepe un metro de altura, es mucho y puede causar abundantes destrozos. ¡ Pero se vio y con pruebas materiales constatables, villas en las que el agua llegó a elevarse a 2,5 metros ! tanto en las calles como dentro de casas y comercios.

Una catástrofe ambiental como esta, a diferencia del virus SarsCov2 y la enfermedad Covid-19, golpea en un lapso muy corto y es muy dramática y explícitamente visible para cualquiera, por lo cual no admite discusión y no genera “negacionistas”

Su explicación inmediata parece relativamente sencilla. Si llueve fuertemente por un período de muchas horas, el volumen de agua que se precipita es tan grande que no puede ser absorbido por la tierra, ni canalizado por alcantarillas. Las corrientes de agua naturales crecen súbitamente y desbordan sus lechos. Además pueden formar peligrosas correntadas según características topográficas que las facilitan y factores hidrodinámicos relativos al aumento repentino de líquido.

Los meteorólogos explican que pese a todos los avances de instrumentos de medición y modelos informáticos, estos fenómenos repentinos no se pueden pronosticar con suficiente antelación como para tomar resguardos. Dando esa explicación por cierta igual quedan muchas preguntas para hacer: ¿porqué se producen ahora estos eventos, si en muchas décadas nunca habían sucedido? ¿De dónde salió tanta agua que se precipitó en tan poco tiempo para provocar la catástrofe? y tantas otras que al lector se le ocurran. 

El viernes por la tarde, aunque la lluvia ya había amainado, recibí otra noticia oscura y tempestuosa. Me llegó el mensaje de un conocido, amigo en común con Marlene, que me informa que ella está internada en un Hospital de la región donde veraneaba y por ese motivo había perdido el vuelo para retornar a su hogar.

Me relató que el martes por la tarde ella se sintió mal, con náuseas y vómitos que atribuyó a problemas digestivos. Esa misma noche tuvo que hacer una consulta médica de emergencia pues el malestar continuaba y se intensificaba. Al día siguiente una nueva consulta en emergencia, con una permanencia más larga, que a la postre culminó en internación hospitalaria.

Ya han pasado más de dos semanas de su segunda inoculación vacunatoria que según supe fue uno de los últimos días de junio, pensando en ello resignifiqué algo que me había escrito en una conversación, cuando yo aún no tenía conocimiento de su vacunación: “No te imaginás lo cansada que estoy”.

No puedo evitar relacionar ese cansancio “inimaginable” con su inoculación, ya que son numerosos los testimonios de esa índole en los días posteriores. Pero además desde el mes de marzo pasado, yo he venido siguiendo semanalmente las estadísticas de posibles efectos adversos de las vacunas contra Covid en EudraVigilance, el sistema estadístico de farmacovigilancia de la EMA (Agencia europea de medicamentos) y se muy bien los criterios metodológicos para identificar y reportar posibles efectos adversos de cualquier medicamento. Es evidente que el repentino malestar que condujo a la internación de Marlene debe ser considerado un posible efecto adverso de su vacunación. 

También recordé que luego de confiarme haber recibido las dos dosis de Comirnaty (nombre comercial del producto génico de Pfizer BioNTech), también me volvió a hablar que las presiones laborales se habían intensificado y realizadas por vías formales. Hubo dos e-mails agresivos de su jerarquía,sobre todo el segundo que ya contenía amenazas a su futuro laboral. Este último fue enviado precisamente el día que el presidente francés Macrón, anunció que haría obligatoria la vacunación para todo el personal de la Salud y áreas afines. Todo eso, sumado a una opinión familiar importante para ella, a favor de vacunarse, inclinó la balanza de su voluntad en sentido contrario a lo que antes había decidido.

Azuzada por un sentimiento de indignación mezclado con cierta frustración, mi imaginación hizo conexiones fantasiosas entre las devastaciones observadas luego de las destructivas inundaciones en Bélgica y Alemania, con el interior del cuerpo de un vacunado. Un poco como aquellas memorables viñetas del dibujante uruguayo de seudónimo “Tabaré” en las serie “Vida Interior”, publicada por la revista semanal argentina “Humo(r)” en sus momentos de auge.

Imaginé el interior de los organismos humanos al recibir las dosis de vacunas experimentales. Así como las tempestades producen un vertiginoso incremento del volumen de agua generando furiosas “riadas”, que en su desborde pueden arrasar todo a su paso, visualicé una inoculación y el ingreso al cuerpo de esos pocos mililitros de sustancia experimental. Hace unos días vi una cifra, un enorme número muchas veces millonario, que no pude retener de memoria, que era estimación de la cantidad de moléculas de ARN mensajero que recibe el organismo luego de la inoculación. Ahora está científicamente comprobado que esa sustancia génica llega al torrente sanguíneo y circula por todo el cuerpo humano.

En un fantasear casi onírico, se me representó el interior del cuerpo de mi amiga, afrontando el súbito ingreso de un ejército de ARN mensajero, proteína Spike, óxido de grafeno, nanopartículas desconocidas y también algún nanobot, prontos a desplegarse en plan de conquista. Imágenes que superan largamente en dramatismo los casi inocentes dibujos de “Vida interior” de la revista Humo(r) y se acercaban a una frondosa imaginería de película postapocalíptica.

Hay salida.

Ojalá esta fantasía esté lejos de la realidad. Marlene, luego de una semana de internación con algunos altibajos, parece estar mejor y se aprestarían a darle el alta. Cuando antes le escribí que tenía que señalar lo que le sucedió para reportar un “posible efecto adverso” de la vacunación, aunque hizo acuerdo me replicó: “Ahora lo primero es salir de esta…”

Tiene razón. Lo mismo deben sentir los miles de siniestrados por las inundaciones, que no deben estar pensando en las causas del fenómeno meteorológico devastador, sino en “salir de esta”.

Bah…igual que el 99% de los habitantes del Mundo, que queremos con mayor o menor consciencia de lo que está pasando, “salir de esta”.

Pero los que nos metieron “en esta” todavía tienen la sartén por el mango. Por eso mañana sábado 24 de julio, millones de ciudadanos de todo el mundo, en cientos de localidades, incluyendo por supuesto a Montevideo, saldremos a manifestarnos a las calles. ¡ Si no quieren soltar el mango, tendremos que arrebatarselo ! 

 

Nota importante: Hace unos minutos, cuando ya estaba terminando de digitar este texto, recibí una comunicación del amigo de Marelene, avisándome que le habían dado de alta y mañana viajará de vuelta a su casa.

 

 

 

1 comentario en «Marlene y las tempestades.»

  1. Qué impresionante, pobre!!!!! Y las inundaciones… me dan mucho en qué pensar. En mis 20 años viviendo en Alemania, justo en la zona que se inundó, NUNCA viví una situación tan terrible. Por otro lado, la canalización de ríos y arroyos es un arma de doble filo.

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