COLUMNA
Bélgica

Del peligro de gol al abrazo.

Leonel Elola Verocay
Licenciado en Psicología
No+Mentiras 16/07/2021

Los festejos populares masivos de victorias futbolísticas, aunque podríamos desearlos enfocados a causas que nos parezcan más relevantes, no son otra cosa que expresiones humanas muy válidas del anhelo de vivir intensamente en comunidad compartiendo afectos. Es esa misma pulsión gregaria humana que debemos canalizar hacia nuestra causa y en contra del transhumanismo que preferiría suprimirla. Si llegamos a definir por penales les ganamos. ¿Alguien se puede imaginar a Klaus Schwab pateando un penal o festejando un gol?

Fútbol, dictadura y triunfo “negacionista” histórico.

En 1980 se disputó en Uruguay la denominada “Copa de Oro” FIFA de Campeones Mundiales, con la participación de Brasil, Alemania, Italia, Argentina; Holanda (que reemplazó a Inglaterra) y Uruguay; era época de dictadura cívico-militar. 

La realización de dicho evento también sirvió para la introducción de las transmisiones abiertas de televisión en colores en nuestro país. En los últimos 40 años de evolución tecnológica luego de esa novedad, podemos apreciar que el maridaje entre fútbol y TV ha sido un hito muy importante, no solo para el deporte sino para toda la sociedad. Es un caso poco frecuente de matrimonio exitoso, que no se ha desgastado y por el contrario, se vio fortalecido.

Actualmente la industria televisiva es fundamental para sustentar la financiación del fútbol como deporte-negocio global. La Plandemia ha mostrado hasta qué punto es importante; se puede llegar a prescindir del público en las canchas, siempre y cuando haya televisación del espectáculo.

Es evidente que los desarrollos técnicos y la masificación del acceso a aparatos televisivos a colores, cada vez más grandes y con otros “chiches” le ha quitado importancia al relato oral en directo, que prevalecía antes de la era televisiva y que tenía por vehículo principal la radiodifusión. Sin embargo en Uruguay, el oficio de “relator de fútbol” ha persistido. Todavía hay unos cuantos de ellos actuando en nuestras canchas y no son pocas las radios que realizan programas con transmisiones en directo de los partidos.

Esto por un lado nos muestra un aspecto de carácter conservador de la sociedad uruguaya y a la vez un rasgo cultural nacional propio, que resiste ante el vendaval del progreso tecnológico y las transformaciones globalizadas de las costumbres.

Podríamos decir que durante ese inicio de década de los años ochenta, la dictadura uruguaya “metió” dos goles. El primero al lograr organizar un Mundialito apoyado por la FIFA en el país, que además ganó la selección de Uruguay, añadiendo un título sin precedentes a sus laureles.El segundo, conjuntando intereses económicos y comerciales privados, para inaugurar la era de la televisión a colores, lo cual trajo aparejado un “boom” de ventas de nuevos aparatos para disfrutar plenamente ese avance.

Ellos venían con viento en la camiseta y con la ventaja de esos logros, que yo desingné como “goles”, para imponer su proyecto de reforma de la constitución de la República, que de aprobarse, hubiese prolongado la dictadura. El plebiscito se realizó en el mes de noviembre, pero lo perdieron. Inesperadamente (para ellos), les dimos vuelta el partido. Me puedo incluir en ese mojón histórico “Plebiscito de 1980” jugando en la cancha cívica, pues fue mi  debut con mi mayoría de edad recién estrenada y supe introducir una papeleta del NO en la urna. 

Esta parte de nuestra historia uruguaya demuestra que no es tan lineal la relación entre fútbol y política, pues si lo fuera, la dictadura militar que unos meses antes organizó exitosamente un festejado triunfo futbolero y televisado en colores, habría conseguido el apoyo mayoritario en la votación.

Relatores y relatos hay muchos, pero no todos son lo mismo.

¿Qué tendrá que ver todo esto con la Plandemia ? se podrán preguntar Uds. legítimamente. Bueno, a mi me sirve para analizar las lógicas diametralmente diferentes de los relatos de fútbol y los de los periodistas covidianos (y también los políticos que les dan letra) que construyen el relato Plandémico, y su relación con los receptores del mismo. No podré realizar un desarrollo “in extenso” como requeriría el tema, y que podría dar lugar a un largo trabajo, pero al menos puedo tirar una líneas para pensar.

Relatores de fútbol destacados en Uruguay tenemos muchos, como Don Carlos Solé, voz de generaciones gloriosas precedentes o un Alberto Kessman, talentoso laburante del micrófono, aún en actividad,  cuyas vibraciones vocales he escuchado desde chico. Pero a los efectos del tema que trato, voy a recordar a Rubén Casco.  Fue un relator original, uno de los primeros que se animó a transmitir partidos de cuadros chicos como protagonistas, en los inicios de la década de los 70 del siglo pasado. Además con su hijo Álvaro, fuimos compañeros de preparatorios de Química, 5to y 6to de ahora, en el liceo “Dámaso A. Larrañaga en La Blanqueada y también del cuadro de fútbol de la clase.

Pero solo voy a resaltar un aspecto del estilo de relato futbolístico de Casco; él se consideraba y así lo decía “un narrador” del deporte del balompié. Comprendía con lucidez, que no solo se trataba de una actividad cuasi mecánica de traducir con palabras las alternativas físicas del juego, sino de construir mediante información y emoción una cierta épica que le diera a la competencia deportiva dimensiones humanas que trascendieran al “tiro libre”, el “foul”, la “palomita” del arquero o incluso el sacrosanto “gol”.

Si bien no fue él que popularizó la muletilla “peligro de gol”, esta frase se adecua bien  a su filosofía, puesto que introduce una dimensión dramática por medio de una afirmación bastante imprecisa y que las más de las veces resulta infundada, porque el gol finalmente no se produce en la jugada relatada. 

Pero eso no es lo importante, porque cualquiera que haya ido a un estadio y tenido la oportunidad de escuchar simultáneamente un relato por radio, se dió cuenta que alguna vez que el relator dijo de un remate ofensivo “la pelota pasó rozando el travesaño”, cuando esta realmente se había elevado varios metros arriba del arco rival. Ahora, a falta de radios a transistores, he visto algunos memes en internet que ilustran estas consentidas exageraciones.

Porque entre relatores y oyentes hinchas de fútbol, se establecía una relación empática, con  una complicidad tácita, donde el público aceptaba y sabía que el “narrador” le iba a “poner color” a la transmisión, de acuerdo a su estilo personal, y si no te gustaba uno, había varios para elegir. Pero en lo importante no se mentía, nunca un relator iba a falsear un gol, si el árbitro lo había validado en la cancha, o al revés, inventar un tanto como lícito, si ya había sido anulado.

Mucho ha cambiado esto con la televisación, cada vez con tecnologías audiovisuales más sofisticadas, el lugar para el talento y la imaginación del periodista es muy menor, pero sigue habiendo una concordancia importante entre los hechos y la verdad última del relato.

Plandemia o la profecía de “Divididos”.

Una buena parte de los múltiples sucesos que se han desplegado luego de la declaración de Pandemia de la enfermedad Covid-19, producida por la infección del virus SarsCov-2, según lo declaró la OMS, han sido televisados y también simultáneamente “relatados” por una legión de periodistas absolutamente subordinados a ese discurso oficial. Pero hay un abismo comunicacional y ético con las narraciones de fútbol a las que me referí. En la Plandemia no hay ninguna empatía ni acuerdo tácito entre los relatores y el público receptor de los mensajes; solo hay imposturas que usan palabras vacías de su significación (solidaridad, responsabilidad, “nos cuidamos entre todos”, etc.)

Las imágenes televisivas que muestran “la realidad” plandémica pueden estar vehiculizando las mentiras más grandes, porque pueden ser montadas, editadas y  manipuladas al paladar de los mandamases corporativos. No es la desviación de dimensión humana y casi inofensiva,  de confundir unos centímetros con unos metros, cuando el relator futbolístico exageraba la cercanía de la trayectoria de la pelota al palo del arco. Porque la globa si existía, los postes y travesaños de madera estaban allí, plantados en las cabeceras de la cancha.

En el relato hiperrealista y sobreinformado plandémico, cualquier momento puede ser la ocasión “cuando la mentira es la verdad”, como lo canta en su lírica el grupo musical argentino “Divididos” (1)                            Es posible y lo hemos visto, que algunos editorialistas de renombre y algunos científicos honorarios, pero con grandes intereses, digan que “la pelota pasó rozando el palo” o que “hay que  colgarse del travesaño” o expresiones equivalentes en un lenguaje de virus, variantes, cepas, eficacia de vacunas, etc. y esto  sea presentado como el “consenso científico”. Pero he aquí un abismo de sentido respecto al lenguaje del fútbol real. 

La verdad podría ser muy distinta y la pelota ni siquiera existir. El arco podría no ser rectangular, como se supone por reglamento en el fútbol, sino otra figura incierta y fantasmal, ¿tal vez un triángulo? como en la lúgubre reproducción artística que recibieron como reconocimiento a su faena los integrantes del GACH disuelto.  

Habría muchísimas ilustraciones de esta naturaleza para mostrar en la Plandemia, pero prefiero dejarle la angustia del blanco y negro a ellos y enfocarme para terminar en algunos signos de color y optimismo. Escribo estas líneas a sabiendas de los últimos acontecimientos futbolísticos, que incluyen la victoria de Argentina sobre Brasil en Maracaná, conquistando una nueva Copa América para los albicelestes. También seguí la victoria de Italia ante Inglaterra en Wembley, dando a los tanos otra copa europea de Selecciones. Incluso supe del triunfo clásico peñarolense en el Parque  Central ayer.

Respeto los sentimientos, interpretaciones personales y conductas de otros destacados integrantes del amplio movimiento de resistencia internacional contra la Plandemia, pero a mi esos hechos me trasmiten cierto optimismo. Porque  todos, en mayor o menor medida, confirman lo que el periodista rosarino (oriundo de Rosario, Argentina) Dante Panzeri pensó en su momento. El fue un destacado integrante de la revista “El Gráfico” y un intelectual del fútbol, que plasmó una conceptualización de este deporte, expresada en el título de su libro más destacado: “Fùtbol: Dinámica de lo impensado”.

Argentina le dio su Maracanazo a Brasil, cuando esto no era lo más probable a priori. Peñarol le ganó a Nacional el locatario en el histórico Parque Central, lo cual también tiene su mérito épico y como corolario dejó el triunfo de Italia contra Inglaterra, que lo viví más intensamente, pues al estar de vacaciones en España, lo vi en directo.

Ni bien  comenzó el partido, gol de Inglaterra. Daba para creer que los italianos estaban en el horno, jugando la final contra Inglaterra, locataria en el Estadio Mundialista de Wembley, allí donde los británicos se coronaron campeones por única vez. Pues no fue así. Siguió el partido, la “squadra azurra” resistió los embates ingleses durante el resto del 1er tiempo, en el 2do tiempo oportunamente empataron el partido 1 – 1. Hubo alargue y siguió empatado. Fueron a los penales y luego de comenzar en desventaja, dos yerros ingleses y una parada de su golero, dieron a Italia el triunfo. Un triunfo por el cual a los 5 minutos del 1er tiempo nadie hubiese apostado. 

Hinchas y jugadores en sus respectivos lugares, se fundieron en efusivos “abrazos de gol” que en ese momento ya eran festejos de campeones. La copa la alzó el veterano Giorgio Chiellini, aquel que fue mordido por Luis Suarez en el Mundial de Brasil. Ambos jugadores siguieron sus trayectorias sin enfermarse por eso y levantado otros trofeos.

El “abrazo de gol” expresa un anhelo humano de comunidad que en el mundo actual tal vez no tenga muchas ocasiones de expresarse con esa intensidad, es una pujante manifestación de una pulsión gregaria, que nunca el transhumanismo podrá replicar ni emular. Si la Plandemia cumple la profecía de “Divididos” vayamos con coraje hacia ese momento decisivo “cuando el bien y el mal definen por penal”. ¡Vamos a ganar! ¿Acaso alguien se puede imaginar a  Klaus Schwab pateando o atajando un penal?

 

 

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(1) https://youtu.be/CJkgBc2S5oY

2 comentarios en «Del peligro de gol al abrazo.»

  1. Excelente artículo de un devoto del fútbol!!!!!!! Buena analogía, y ojalá fuese también homología!
    Me encantó: «La verdad podría ser muy distinta y la pelota ni siquiera existir. El arco podría no ser rectangular, como se supone por reglamento en el fútbol, sino otra figura incierta y fantasmal, ¿tal vez un triángulo? como en la lúgubre reproducción artística que recibieron como reconocimiento a su faena los integrantes del GACH disuelto. «

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