COLUMNA
Uruguay

Unas líneas para entender un poco lo que está sucediendo…

Dr. Javier Sciuto
Médico / Profesor de Bioestadística
No+Mentiras 12/07/2021

Desde hace semanas vengo observando que dentro de las denominados “voces disidentes”-de los cuales, a toda honra me incluyo- se sostienen diferentes vertientes e hipótesis en relación a esta falsa pandemia la que muchos denominamos “farsemia”.

Desde hace semanas vengo observando que dentro de las denominadas “voces disidentes”-de los cuales, a toda honra me incluyo- se sostienen diferentes vertientes e hipótesis en relación a esta falsa pandemia la que muchos denominamos “farsemia”.

Más allá de la categórica confesión del MSP que se desconoce el aislamiento, purificación y secuenciación viral y sumado al hecho -más que corroborado- de la inutilidad del principal bastión diagnóstico que es la técnica RT-PCR; estamos frente a una batalla de disidentes intelectuales que sostienen que el epicentro de la problemática de las inoculaciones está entre la existencia del grafeno (compuesto tóxico para diversos parénquimas y tejidos) y la existencia de la glicoproteína S (Spike glycoprotein) por cierto también tóxica -según diferentes autores-. En relación al grafeno, viene acarreado el hecho del on-off de las antenas 5G cuya radiación es considerada un factor que amerita cierta sinergia junto al grafeno presente en las inoculaciones, que en otro momento lo profundizaremos.

Puntualmente, considerando el efecto y/o contenido de las diferentes plataformas de inoculaciones, considero que esta división de ideas o segregación de posiciones entre intelectuales le trae oxígeno a una ciencia opacada por el sentido rectilíneo de los conceptos o imposición de los mismos dirigido por una pútrida academia corrompida y a su vez unidireccional a la hora de señalar el camino y acciones a ser tomadas (estamos hablando de los cuidados que tanto se repiten como el uso de tapabocas, alcohol en gel, hisopados, distanciamiento e inoculaciones). Creemos que esta segregación le hace bien –como dijimos- porque de eso se trata y se nutre la ciencia; de la observación de un fenómeno y su cuestionamiento, de la generación de hipótesis y su posterior verificación de las mismas a través del método científico siendo su principal argumento confirmatorio: la bioestadística.

Para que se entienda –de forma muy breve y concisa-, la bioestadística (rama de la estadística) es la ciencia de recopilar y analizar datos biológicos o de salud mediante métodos estadísticos.

Es de ley destacar que la estadística es una ciencia exacta y objetiva, pero la bioestadística se intrinca con el conocimiento biológico y la hace per-se mucho más compleja, quedando a merced del técnico que la opere debido a que podría presentar múltiples fuentes de errores: voluntarios por la propia deshonestidad del técnico así como involuntarios debidos a inexperiencia o falta de expertise del mismo.

De esta manera podemos afirmar que en todos los casos la bioestadística es honesta, sin embargo, sus resultados podrían ser espurios debido a que las personas que la aplican carecen de dicha honestidad, elemento que a menudo lo verificamos en los diferentes artículos científicos e informes provenientes del MSP como del GACH.

Por otro lado, para demostrar la existencia del grafeno y sus efectos de toxicidad en el organismo (particularmente en los pulmones, causando neumonitis bilateral y a nivel vascular trombosis) es necesario tener un conocimiento en diferentes áreas, entre ellas, bioquímica y biofísica, y un equipo experimental exhaustivo que lo corrobore.

La misma suerte tenemos en el caso de estudiar y caracterizar la proteína S y sus efectos similares en el organismo, sobre todo en el árbol vascular así como en la entidad clínica denominada ADE (traducido al español como mejora dependiente de anticuerpos que produce un cuadro exacerbado de C*vid entre los inoculados en relación a los no inoculados).

Resumiendo, sea una u otra corriente es necesario –más allá de los eventos electromagnéticos que se evidencian macroscópicamente- de un equipo de profesionales e infraestructura suficiente para demostrar la existencia de uno u otro factor, pero en el caso de verificar si ambas presentan o no efecto en los individuos de la población y la magnitud del mismo, es necesario el empleo de la bioestadística.

De esta manera, esta área técnica se ha transformado en la reina del tablero de ajedrez de toda esta trama debido a que en el mundo de la ciencia, es ella quien proporciona argumentos probabilísticos de que lo observado se explique o no por el azar, generando una robustez científica adecuada.

Entre otras cosas, a través de ella podemos llegar a algo más macroscópico: dejar en evidencia cada uno de los talones de Aquiles de esta enorme farsa, estamos hablando de la fiabilidad del test RT-PCR y por consiguiente del test rápido de antígenos y serológicos, del cálculo de la letalidad del supuesto virus (aunque nunca fue encontrado salvo en los medios masivos), del valor de seroprevalencia (porcentaje de la población que presenta anticuerpos contra este virus), de que las medidas empleadas como el uso de tapabocas no tienen beneficio alguno y en contrapartida no son inocuos ni seguros, del hecho que las personas asintomáticas no contagian y fundamentalmente, algo que lo venimos informando y advirtiendo: la eficacia y seguridad de las inoculaciones.

Aunque el año pasado en mayo, hemos advertido que se trata de un virus (supuestamente) con una letalidad menor al 0,1% (menor a la gripe o Influenza), que el RT-PCR arroja un altísimo porcentaje de falsos positivos cuando el valor del CT es mayor que 24 (siendo el cut-off o mejor punto de corte igual 22), dejamos en claro que una vez inoculado la relación riesgo de padecer un evento adverso grave/ riesgo de padecer C*vid grave era mayor a 50, dado que el número necesario a tratar o inocular es de 119 (en condiciones ideales según el informe de Pfizer proporcionado a la FDA) y que la verdadera eficacia era de 0,84% (bajísima o casi nula); la conducta adoptada en el mundo nuestro país es seguir adelante con la inoculación, visando su objetivo primario: los niños.

La bioestadística serviría –entre otras cosas- para dejar al desnudo esta farsa en menos de 24hs debido a que en el caso de que las autoridades honestamente proporcionen el número de fallecidos de toda causa (diariamente antes y después del momento en que se comenzó a inocular), esta farsa podría caer instantáneamente y producir el cese (temporal o definitivo) de la inoculación.
Como podrán observar, se trata de una herramienta fiel y exacta a la hora de establecer un juicio.

En la otra mano, tenemos los estériles e incorrectos informes proporcionados por el GACH y el MSP, demostrando ausencia de conocimientos en el área y sesgos (errores sistemáticos) que podrían ser involuntarios y en el peor de los casos voluntarios, tal es el caso de dos informes que relatan la efectividad de las inoculaciones en la población de inoculados y no inoculados, demostrando resultados absolutamente erróneos y carentes de sustento estadístico, lo que sería una excelente excusa para realizar un debate técnico y dirimir estos aspectos entre las voces oficialistas versus las disidentes.

Finalmente, opino que debemos mantener la calma y ser muy cautos ante la erupción de múltiples interrogantes relacionadas a la existencia de grafeno, fenómenos magnéticos, efectos de la proteína S y antenas 5G; estamos frente a un fenómeno novedoso, nunca antes observado a nivel poblacional y que debemos llegar de una forma u otra a nuestro principal objetivo que es la verdad, pero sin duda que precisamos evidencias contundentes las que denominamos significativas.

Para esto último es fundamental dejar claro dos cosas; en primer lugar que las autoridades deben analizar exhaustivamente el contenido las ampollas de las diferentes inoculaciones de la misma forma que actúa frente a cualquier otro medicamento que ingrese a nuestro país; y en segundo lugar que la bioestadística es el gran temor de esta farsa porque podríamos considerarla a suerte de espada de Damocles para la tríada: clase política, academia y medios de comunicación corrompidos, porque de responder a nuestras solicitudes en cuanto a los datos oficiales ya mencionados a nivel de fallecidos diariamente de toda causa, así como fallecidos inoculados, casos positivos que han sido inoculados e inoculados en CTI; de repente podrían percibir que la espada pende de un fino hilo en la cabeza de estas personas tal cual fue escrito por Horacio en el siglo I, AC.

Para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia, con su refinamiento, no tendrán dulce sabor, y el canto de los pájaros, y los acordes de la cítara, no le devolverán el sueño, el dulce sueño que no desdeña las humildes viviendas de los campesinos ni una umbrosa ribera ni las enramadas de Tempe acariciada por los céfiros.
(Horacio, Odas III, 1.)

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