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Argentina

Muy bajo porcentaje de vacunación en el personal de la salud de Buenos Aires

AGUSTINA SUCRI
laprensa.com.ar / tierrapura.org 12/05/2021

De los 130.000 agentes de salud que hay en la Ciudad de Buenos Aires, hasta la fecha menos del 25% recibió la vacuna Sputnik V. La Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (AMM) lo atribuyó a la insuficiencia de dosis pero otros testimonios apuntan también a una resistencia silenciosa a recibir la vacuna

«Hay hospitales donde no se ha vacunado a ningún colega, hablo fundamentalmente de los 32 hospitales de la Ciudad. En los monovalentes prácticamente no se ha vacunado. El déficit es grande en el número de vacunas”, advirtió en una entrevista con La Prensa el presidente de la AMM, doctor Jorge Gilardi.

Consultado sobre el porcentaje de médicos que han decidido no vacunarse con la Sputnik V, Gilardi aseguró que en los últimos 30 días se produjo un cambio: “Muchos colegas decían que iban a esperar, que querían saber más…el hecho de ser médico genera una serie de conocimientos y de dudas, que estaban bien. En ese momento la información era escasa y muchos decidieron esperar. Hoy, con una información mucho más certera, el pensamiento es distinto. La información médica llegó y esto da una tranquilidad y una conciencia de mayor seguridad”.

No obstante, reconoció que el factor etario también parece tener su peso al momento de decidir si vacunarse o no. “Sobre todo influyen las edades: hay gente de mediana edad que no está tan en contacto con pacientes infectados y esos médicos, a veces, plantean que van a esperar un poco y que dentro de dos años puede pasar otra cosa”.

El médico neonatólogo y pediatra Christian Donato (M.N. 113.104), quien trabaja tanto en el ámbito público como privado declaró. “No me aplicaré ni esta ni ninguna de las vacunas. Las razones son muy contundentes, de peso, muy groseras: falta de información, falta de pruebas, falta de testeos, la existencia de un tratado de confidencialidad entre el Gobierno y las farmacéuticas, no saber cómo está compuesta la vacuna, no saber qué adyuvantes tiene… un montón de secretos que no son develados a los receptores de las vacunas, que seríamos nosotros, y por ende no sabemos qué nos están inoculando”, resumió.

Tal vez el no querer vacunarse no sea solo una decisión de los más jóvenes. Donato comentó que muchos de sus colegas comparten la postura de optar por no aplicarse la vacuna aunque “son pocos los que lo dicen abiertamente”. “Los que están en esta misma posición se reservan la opinión por temor a represalias, cuando no debería ser así. Pero hay mucho temor a despidos o a que no los tomen en otros trabajos”, confesó.

Esta situación parece repetirse silenciosamente entre los profesionales de la salud. Así lo confirmó también la doctora Patricia Fernández, bioquímica y mágister en psicoinmunoneuroendocrinología por la Universidad Favaloro (M.P. 5.936), quien trabaja en el ámbito de la sanidad pública. “Son unos cuantos los que deciden no vacunarse. Pero hay gente que sí lo acepta. Lo que tendrían que hacer, como corresponde con un medicamento de prueba, es suministrarlo con consentimiento informado, por la ley de consentimiento informado que tenemos vigente en el país”, opinó.

«No se está diciendo que todavía no terminó la fase III. Eso sería fundamental: decirle a la persona que está formando parte de un experimento. No es una vacuna aprobada, sino que el Ministerio de Salud la autorizó de emergencia, sin estar terminada la fase III -que concluiría recién en mayo próximo-, mucho menos la fase IV”, se lamentó.
En ese sentido, aseguró que ella no se vacunaría hasta que no hayan pasado “por lo menos cinco años para ver los efectos sobre todo a mediano y largo plazo que pueda tener la vacuna”. “Tendríamos que esperar el tiempo que corresponde, porque por más que la tecnología haya avanzado, la máquina del tiempo todavía no la hemos inventado. Después de aplicar las vacunas, tenemos que respetar los tiempos de observación para ver si aparecen algunos efectos adversos que no han calculado”, insistió.

Respecto de qué medidas ha adoptado para protegerse del covid-19, Fernández enumeró: “Primero, no tener miedo, porque el miedo produce una inmunosupresión, más aún cuando es un miedo prolongado. Yo gestiono las emociones, para ello hago ejercicio moderado, meditación… cosas que favorecen el sistema inmune. En segundo lugar, es fundamental la nutrición: incorporar suficientes vitaminas, minerales, tomar un poco de sol, respirar aire puro, hacer una vida sana. Tomar líquido suficiente”.

Entre los médicos que no se aplicarán la vacuna también se encuentra el doctor Mario Mas, especialista en tocoginecología y medicina integrativa (M.P. 1.774), quien argumentó que no lo hará “porque (la vacuna) es un recurso que no está estudiado en profundidad y se han hecho estudios rápidos y de dudosa creencia en el marco general que vivimos, empujados por intereses ajenos a la salud”.

Al igual que Donato y Fernández, Mas resaltó que la Sputnik V “es un recurso hecho a partir de ingeniería genética, cuyos componentes se desconocen y hasta el momento no se han terminado de estudiar sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo”.

«Si reconocemos que se está empleando una técnica nueva -de ingeniería genética- cuyas consecuencias no conocemos y cuyos inventores tiene inmunidad jurídica ante las posibles reacciones colaterales que pueda provocar y, por otra parte, estamos en presencia de una patología con baja morbi-mortalidad, para la que tenemos recursos más económicos y sin reacciones colaterales para prevenirla y tratarla adecuadamente ¿qué sentido tiene usar la vacuna en forma masiva?”, razonó.

Por último, Mas cuestionó que las campañas gubernamentales se hayan enfocado en insistir en el uso de barbijo, el aislamiento, el lavado de manos y las vacunas pero “se ha informado poco sobre cómo sanarnos y cómo el ser humano puede mejorar su sistema inmunológico”. “¿No será momento de estimular políticas de salud y salir del paradigma patogénico?”, interpeló para finalizar.

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