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Uruguay

Murió asesinado el gran John Magufuli, líder del proceso soberanista de Tanzania

Marcelo Marchese
Escritor, Columnista
¡Uruguayos por la Libertad! 7-04-2021

Cuando la verdad le cuesta la vida al presidente

Llegado a la Presidencia de Tanzania, Magufuli modificó la legislación de su País, en especial en lo que respecta a los contratos con las trasnacionales mineras, lo mismo que intentamos hacer nosotros con respecto a UPM y todos los contratos secretos.
El cambio generado en Tanzania le permitía a su pueblo rescindir o renegociar los contratos en caso de fraude comprobado e impedía que las trasnacionales mineras acudieran a los tribunales internacionales al servicio de las trasnacionales mineras.

Como se ve, no era un hombre bien visto por los globalistas, que lo han acusado de todo lo que pueda ser acusado una persona que enfrente a estos criminales. Ya se sabe: el insulto del canalla es uno de los mejores elogios a que puede aspirar una persona decente.
Cuando en el 2020 dio inicio la gran operación política de los gigantes financieros que dominan el mundo como nunca jamás ningún emperador había dominado un conjunto de regiones, Magufuli, que era químico, matemático y maestro, expulsó a los representantes de la OMS, dejó de brindar información a esta organización que se dedica, entre otras lindezas, a entregarle a los laboratorios las cepas nuevas de virus que les envían criminalmente los gobiernos, y realizó una serie de test de coronavirus sin especificar previamente que las muestras recibidas no eran de personas, sino de cabras, papayas, aceite de motor y cosas de esa guisa. Algunos dieron positivo, otros, negativo.

Como es fácil adivinar, Tanzania no ha recibido multimillonarios préstamos (es decir, flor de deuda) para su «Fondo coronavirus», pues no tiene tan dudoso fondo, ni ha gastado fortunas en una vacuna de muy dudosa factura ni ha firmado contratos secretos para recibirla, y en rigor, habida cuenta de su plan de desarrollo, tiene una de las tasas de crecimiento más grandes de África.

Hace dos semanas Magufuli había desaparecido y ya temíamos lo peor. En el mes de febrero murieron varios líderes de su mismo partido político a causa, muy posiblemente, de una enfermedad respiratoria, cosa que ha llevado a los medios de comunicación bajo la égida de los gigantes financieros a propalar que han muerto, todos ellos, de coronavirus.
Hay por ahí unas memorias de un gánster que informa que cuando aparecía un Presidente que se hacía el vivo, los gigantes financieros lo mandaban a explicarle cómo era la cosa y quién mandaba en el mundo. El mecanismo, en estos casos, es doble: si entrás al redil, tendrás mucho dinero y mucha gloria, y todos los diarios infames cantarán loas al Presidente converso; si te oponés, vas a mirar las lechugas desde abajo. Así opera la mafia, sean grandes Bancos o sea la vulgar mafia mexicana, que cuando un alcalde sale electo le regalan un pequeño ataúd y le dicen: vos elegís, o lo llenamos de billetes de cien dólares o metemos ahí dentro a tu hijo.

El gánster o sicario financiero, cuando no lograba su propósito, dejaba su lugar al sicario a secas, que nunca jamás elimina al Presidente o al músico o escritor dejando pruebas concluyentes sobre su accionar, sino que muere en un accidente, o lo mata la mafia «confundiéndolo con un mafioso», o, recurso mucho más eficiente, muere por cuestiones cardíacas, ACV y cosas parecidas, como le pasó al valiente de Israel Shahak y como le pasó al buen Magufuli, y no es nada peregrino suponer que envenenaron, o mejor dicho, contagiaron a varios líderes del partido soberanista tanzano con alguna de esas cepas que guardan, para usar como es debido, los gigantes financieros que dominan sobre ocho mil millones de personas.

Los malvados han vencido una vez más, y el odio concentrado de sus perros guardianes se ha desbordado en los ladridos lanzados desde los medios de comunicación de este mundo que, al parecer, ya no nos pertenece.

Te confieso algo. No desde ahora, sino desde hace mucho tiempo me vengo preguntando cómo resolver este problema por el cual, si formás parte de un proceso que no le sirve al Poder, te desprestigian primero y luego, te limpian. Siempre lo mejor es que en un proceso no haya una cabeza visible, que ese proceso sea liderado por muchas cabezas, en el caso que no sea liderado por ninguna cabeza, que sería lo ideal. También hay otro camino, en este caso, individual: actuar por fuera del paradigma de defensa de los actuales amos del mundo, como a su hora, y frente a sus propios malvados, actuaron Shakespeare, Blake y Maquiavelo.

Ya sé que algunos dirán que esto que escribo no tiene nada que ver con lo nuestro, pero tiene todo que ver con lo nuestro desde que en otras partes del mundo, otros pueblos, están iniciando procesos soberanistas, procesos de defensa de sus culturas, lo que implica poner límites al accionar cancerígeno de las trasnacionales, sean mineras, sean pesqueras, sean celulósicas.

Conviene estudiar esos procesos para extraer enseñanzas, y aquí tenemos otro asunto que aparentemente no tiene nada que ver con lo nuestro, y ese asunto es el «orientalismo», todo el conjunto de visiones que nuestra civilización occidental ha creado como cobertura ideológica para la destrucción cultural necesaria al robo de oriente, un oriente que integra a África, lo que lleva a que no nos interesemos por lo que ocurre en aquel continente, ni estemos al tanto del proceso soberanista que allí despunta. Hace poco murió de parte de los mismos asesinos el Presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, que había expulsado a los representantes de la OMS.

En un mundo interconectado, donde la muerte de las abejas arruina abundantes cosechas y mucha vida salvaje, todo tiene que ver con todo.

Al parecer, Magufuli creía en Dios, y acaso, esté ahora en su bien ganado Paraíso. Tal vez no exista tal cosa y Magufuli no esté en otro lugar que no sea un cajón de pino. Para nosotros existe el Paraíso, que no es otra cosa que ocupar un lugar en el corazón de todas las personas nobles de esta tierra.

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